Los que habitualmente me leéis, más allá de las chorradas que os cuento de ligues y batallitas varias, ya sabéis que me preocupa bastante el tema de la alimentación, y que siempre miro exhaustivamente las etiquetas de todo lo que compro, sobretodo por el tema de las intolerancias alimentarias.

El caso es que ayer fui a comprar lentejas. Estaba en el supermercado mirando los paquetes para ver cuál elegir, cuando un niño se puso a mi lado y le dijo a su madre “Mamá, ¿cuales cojo?”, y su madre le dijo “Las que sean más baratas”.

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De repente me acordé de que el año pasado por estas fechas se hizo viral una publicación en Facebook que todo el mundo compartía muy indignado. Era la publicación de un presunto campesino que ponía verde a Mercadona por estar hundiendo la agricultura en España al traer productos importados de países y ponerlos tan baratos que los productos nacionales no podían competir con ellos.

La gente enseguida se solidarizó con el pobre campesino y compartía muy indignada el estado en Facebook diciendo diciendo que era una vergüenza, y que el agricultor tenía razón en todo lo que decía, extrapolando la situación también a otros sectores. Sin darse cuenta de que Mercadona, al igual que el resto de los supermercados, solo ofrecen lo que la gente demanda.

Los supermercados no van a vender lentejas españolas porque la gente comparta un estado en Facebook de un campesino que está indignado porque trabaja todo el año para ganar cuatro duros. Los supermercados venden lo que la gente compra, y la mayoría de la gente compra lo mismo que esa señora: “Las que sean más baratas”.

Evidentemente yo no sé la situación económica que tenía esa señora, ni la que tiene nadie, como para poder decir que se gaste veinte céntimos más en un paquete de lentejas… Pero si toda la gente que compartió ese estado, hubiera empezado desde ese día a mirar las etiquetas de la comida, y hubiera empezado a comprar solamente productos nacionales, a estas alturas seguramente este campesino estaría saltando de alegría.

Pero no fue así. De hecho estoy convencida de que si los supermercados llegan a empezar a vender productos nacionales al precio que deberían estar, la gente hubiera protestado en masa por el encarecimiento de los productos que tan indignantemente baratos le parecían antes.

Y lo siento, pero no puedo evitar que me sorprenda lo fácilmente que la gente tira siempre los balones fuera y les echa la culpa a los demás de cualquier cosa que pasa. Lo fácil que se comparte un estado-protesta en facebook, y acto seguido se hace precisamente contra lo que acabas de quejarte.

Está claro que es mucho más cómodo culpabilizar siempre a un tercero para que sea él el que lo resuelva, que no asumir nuestra parte de culpa e intentar aportar nuestro granito de arena para mejorar esa situación. ¿O no?