Hoy Enma estaba superemocionada porque le había escrito Paco-Will para quedar. Hacía varias semanas que no coincidía con él, porque el pasado fin de semana no estuvo en el rugby, así que no se lo ha pensado y le ha contestado que sí. Me ha dicho que, como iba a estar también Pili, no le hacía falta que saliera yo de fiesta con ella.

No tengo claro quién se ha alegrado más del plan: si ella o yo, porque hoy no me apetecía naaaada de nada tener que salir de fiesta. Pensaba hacer el esfuerzo porque la pobre Enma no se tuviera que quedar en casa, pero como no me necesita, me voy a quedar en casa tan feliz, tirada en el sofá y con hielo en la rodilla… porque otra vez la tengo más inflamada.

No me preocupa porque supongo que es normal después de que esta semana la haya forzado más por ir sin muletas, pero si puedo dejarla descansar un día, mejor.

 

Como ahora ya puedo hacer tareas de casa los miércoles, este fin de semana no tengo por qué pegarme una paliza a hacer cosas de maruja… así que creo que lo máximo que voy a hacer es dedicarme un día de vagancia total tirada delante de la tele. A ser posible viendo una sucesión de películas malas que ponen en Antena 3 después de comer y que solo tienen dos géneros: o las de amor, que son todas iguales… o las de psicópatas, que también son todas iguales. ¡Me encantan cualquiera de las dos variantes! porque son tan previsibles que te permiten dormirte a mitad de la primera y despertarte a mitad de la segunda y no tener ninguna duda ni de cómo ha terminado la primera (porque lo sabías desde el primer minuto), ni lo que ha pasado en la segunda antes de reengancharte (porque en cuanto ves dos minutos, ya sabes en que punto exacto de la película se llegan).

Y si ese ese ya me parece un plan genial de por sí, si encima lo combinas con una macro-sesión de cuidados personales y de barros (o sea: ponerme una mascarilla de arcilla verde en la cara, echarme henna en el pelo, etc)… ya ni te digo. ¡¡¡Eso es la felicidad máxima!!!

Mi ex siempre me decía que en otra vida he tenido que ser un cerdo porque no es normal lo que me gusta estar pringada de barros… pero desde que vi Shrek me di cuenta de que en realidad lo que pasa es que soy una princesa de cuento… pero una princesa-ogro, jajaja.

Con las princesas Disney nunca me he sentido identificada porque aunque ahora las hagan cada vez más variadas (chinas, negras, hawaianas, guerreras, etc.) a mí me siguen pareciendo todas demasiado moñas. Yo necesitaba una princesa con más carácter, que eructara y fuera un poco más bruta para sentirme identificada con ella… Como Fiona, con la que coincido hasta en el gusto por los hombres, porque no sé cómo lo hago porque aunque siempre esté rodeada de príncipes, a mí me acaba gustando el más ogro :-(

 

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