Como ya sabéis llevo un mes prácticamente desaparecida, porque he tenido unas cuantas incidencias… Pero creo que ya va siendo hora de retomar el blog y poneros al día.

Lo último que os conté en el blog fue la presentación del libro el jueves 25 de junio, y que iba a mudarme ese fin de semana a mi ático glamouroso de escritora bohemia.

Los que me seguís por las redes sociales ya sabéis que ese mismo sábado publiqué:

A estas alturas debería estar cargando y descargando cajas de mudanza a mi piso nuevo… pero ¡¡¡ya no hay mudanza!!!
Al ir a firmar el contrato he visto que ponía que los 58€ de cuota fija de la comunidad los tenia que pagar yo, y las reparaciones de electrodomésticos y el resto de cosas que se estropeen por el uso también.
¿Las reparaciones de electrodomésticos de un piso que lleva cerrado un montón de años y que pueden petar todos los electrodomésticos a la vez? Vamos… ¡¡ni de coña!!

Así que, mudanza abortada. Aquí estoy con todas mis cosas metidas en cajas, con el servicio de internet que me lo cortan mañana…

¿Y ahora qué hago? Tendré que sacar las cuatro cosas imprescindibles… y aprovechando que ya lo tengo todo embalado, seguir buscando otro piso… cuando consiga que me vuelvan a poner internet…

¡¡¡Estoy conmocionada!!! :-(

contrato

Evidentemente, cuando vi el contrato, intente negociar con la casera antes de dar la mudanza por perdida… Pero no llegamos a ningún acuerdo.
Ella decía que si tenía que pagar ella la comunidad no le salía rentable alquilarlo (cosa que no acabo de entender muy bien, sobretodo teniendo en cuenta que el piso llevaba cerrado años sin generar ningún ingreso y la comunidad la tiene que pagar igual esté ocupado o vacío) y yo le decía que ya le dije desde el principio que yo no le podía pagar tanto… y precisamente por eso me lo había rebajado. Si ahora me decía que tenía que pagar yo esos 58 euros de comunidad, me volvía a quedar igual que al principio.
¡¡Y encima las reparaciones de electrodomésticos corriendo por mi cuenta!! ¿¿Pero eso dónde se ha visto??
Si no te dicen nada de antemano, la comunidad de PROPIETARIOS se da por hecho que la tiene que pagar el PROPIETARIO (como su propio nombre indica), al igual que las reparaciones que sean necesarias en el piso, siempre que se deban a un uso normal. Si en el contrario se especifica que corren por parte del inquilino, pues vale… pero te lo suelen avisar desde el principio.
Esta chica no me había dicho nunca que tuviera intención de que eso lo pagara yo, por lo tanto yo di por hecho que lo pagaba ella (al igual que en todos los pisos en los que he estado antes).

Y aún así no digo que fuera caro, ¿eh? Que el piso estaba muy bien y el precio no es que fuera disparatado… Solo es que PARA MÍ es demasiado dinero al mes, porque ahora pago menos alquiler y ya vivo “al día”.

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Y más en este momento, porque publicar el libro me ha supuesto tener que hacer una inversión del poco dinero que tenía ahorrado, porque imprimir los ejemplares que llevé a la firma más los que tengo en casa para la gente que me los va pidiendo para que se los envíe dedicados (haciendo la compra a través del botón: https://www.paypal.com/cgi-bin/webscr?cmd=_s-xclick&hosted_button_id=X7RU6RUQWR73W) me supuso unos 900 euros, que todavía no he recuperado… porque la presentación estuvo muy guay, pero lo que es vender libros… vendí muuuuy poquitos :-(

Así que, ahí que quedé… plantada, en el piso viejo, con mi habitación y mis armarios vacíos, con toda mi ropa y todas mis cosas metidas en cajas, sin apenas poder pasar por el pasillo, sin internet… porque, de momento, no me puedo arriesgar a meterme en un alquiler mas alto y que luego no lo pueda pagar… o lo tenga que pagar llegando a fin de mes más ahogada todavía de lo que estoy ahora.
Y encima con tres cajas llenas de libros por vender, que en vez de estar proporcionándome ingresos extras, lo único que me estaban provocando eran aún más gastos.
:-(


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Cuando llame a mi casera para decirle que al final no me podía mudar, y que me quedaba hasta que encontrara otro piso al que irme, se puso tan contenta que me dijo que si me quería quedar, me arreglaba un poco el piso para que no me fuera…
Pero como a mi este piso no me ha gustado nunca (ya os conté largo y tendido el asco que le tengo al cuarto de baño en navidades, en este post: un baño como el de la Preysler), no me plantee quedarme.

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Estaba claro que el momento de mudarme era ese. Porque lo que no tenía sentido era sacarlo todo de nuevo y volver a colocarlo en su sitio… para volver a empaquetarlo dentro de dos meses.

Pero en ese momento, después de todo el estrés del libro, de la presentación, de llevar meses sin tener un minuto de descanso y de estar haciendo veinte cosas a la vez, lo de cancelar la mudanza ya superó mi límite. Me quedé sin fuerzas ni ganas de hacer nada. Ni de hacer más promociones del libro, ni de buscar piso nuevo… ni de nada.

Menos mal, que al día siguiente, mi familia me preparó una fiesta sorpresa ibicenca con todo lujo de detalles para animarme: decoraron todo con velitas y banderines, mi cuñada preparó un menú degustación espectacular, mi hermana hizo una sandía rellena de calimocho, ¡¡si hasta vino mi padre del pueblo para darme una sorpresa!!
¡¡Mi familia es la mejor familia del mundo!!
^_^

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¡¡Tengo que reconocer que consiguieron animarme bastante!!
Al día siguiente seguía sin tener demasiadas ganas de hacer nada… pero por lo menos ya no lo veía todo tan negro.

Decidí aparcar un poco el tema del libro, porque si seguía a ese ritmo al final me iba a dar un jamacuco (y tampoco me parecía que el esfuerzo mereciese la pena para los pocos ejemplares que estaba vendiendo), y centrarme temporalmente en descansar un poco (que falta me hacía) y en lo de la nueva mudanza.

Así que desempaqueté lo imprescindible para el día a día… y empecé a buscar piso.