Ayer por la tarde me llamó Olga:

  • Neniiii, ¿qué tal? ¿Te pillo bien?
  • Sí. Acabo de salir de casa de Rodri, que he estado con él merendando, tomando una cerveza y… bueno, y haciendo más cosas.
  • Jajajajaja. ¿Otra vez? ¿Pero no quedaste con él el viernes? Vaya vicio estás cogiendo.
  • No lo sabes tú bien… Esto es como rascarse. Que cuanto más te rascas, más ganas tienes de rascarte más y más fuerte.
  • Jajajajajaja. Eso es que te rascan bien.
  • Sí sí, jaja. Desde luego, no me quejo.
  • Pues yo te llamaba para decirte que me encanta la manteca de karité que me diste el otro día, y que he hecho un invento nuevo que tienes que probar.

Resulta que cuando estuvo aquí Olga la semana pasada no trajo cremas, así que en un bote pequeño le di un poco de la que uso yo, que es un tarro de manteca de Karité que me mandó por correo un chico que lee el blog. Resulta que estaba en Senegal, y se acordó de mí  (a veces me sigue sorprendiendo el cariño que me tenéis y las situaciones tan variopintas en las que me tenéis presente). El caso es que como siempre ando publicando cosas de la henna para el pelo y otros productos naturales, me compró un bote de manteca de Karité para el pelo y me lo mandó.

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Al principio no me enteré bien de para que era y me la empecé a dar en la cara… ¡y me encantó! Y aunque después el chico me recalcó que era para el pelo, me la he seguido dando en la cara, porque total, si la hacen artesanalmente en Senegal y lo único que le echan son hierbas para que huela mejor, no creo que importe mucho donde te la des.

El caso es que tanto Olga como yo hemos comprado alguna vez manteca de Karité en la herboristería (¡qué no habremos comprado Olga y yo en herboristerías, jajaja!) y no nos había gustado nada a ninguna de las dos.

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Mantecaq de Karité comprada en herboristería (izda) y manteca de Karité original de Senegal (dcha).

Pero es que esta no tiene nada que ver con la de compra.

  • Ya te dije que era genial. Yo me la echo para dormir y me levanto con la cara súper hidratada. Y sorprendentemente aunque me la de todos los días y sea grasa, no me sale ningún grano. Pero es que no tiene nada que ver con la que venden. Es como el aloe vera, que de cortar una hoja y dártela en la cara a comprar el aloe vera que venden por puro que sea… va un mundo. Lo que quiera que le echen para conservarlo, está claro que le hace perder un montón de propiedades.
  • Pues precisamente lo que te iba a decir es que anoche hice una mezcla de manteca de Karité, con aceite de jojoba y aloe vera, que es la hostia. Te queda la piel suave suavísima. Pero tiene que ser con el aloe que venden aquí, que es buenísimo. Hay que conservarlo en el frigorífico pero la diferencia es brutal. Cuando vengas tenemos que comprar. ¡Te va a encantar!
  • Vale. Porque yo tengo un aloe vera que me ha dado mi cuñado hace poco, porque sabe que soy una fanática de esas cosas, pero es pequeñito. Hasta dentro de dos años no creo que pueda empezar a cortarle hojas.

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  • Pues vaya.
  • ¡Lo que tengo como una bomba es mi plantita del “amor de hombre”, que ha resurgido de sus cenizas. Yo que la daba por muerta… pero últimamente se h venido arriba y ha crecido un montón. Está echando un montón de ramas nuevas. ¡Estoy flipando!

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  • Uy, a ver si ese “amor de hombre” floreciente va a ser por Rodri, sus bocatas de Nocilla y sus ganas de rascarte tanto…
  • Jajajaja. No sé. No creo. No lo veo a él con muchas ganas de echarse novia y a mi no sé si me gusta tanto como para eso tampoco. Pero sí que me lo paso muy bien con él. Es súper divertido.
  • Bueno… lo mismo con el tiempo, quién sabe. La verdad es que por lo que dices parece muy majo.
  • Lo es.
  • Pues a ver si la próxima vez que vaya me lo presentas, que seguro que me cae bien. Como Espeso, ¡que me encantó! ¡Qué majo es! Es una de las personas más guays que he conocido últimamente. ¡Qué ganas tengo de que vengáis en verano!
  • Ya te había dicho que te iba a caer genial. Pues el sábado estuve con él de fiesta otra vez.
  • ¿Ah sí?
  • Sí. Vinieron todos: Pajares, Espeso y Ozores, jajaja. Estuvimos por ahí cenando y luego nos fuimos de copas. Llegamos a casa casi a las cinco de mañana, con una castaña que yo no era capaz ni de andar recta por la acera. Nos lo pasamos genial, aunque del último bar nos fuimos todos súper indignados.
  • ¿Y eso?
  • Pues porque es un bar al que yo creo que no he entrado en la vida. Y cuando llevábamos un rato, fui a mear. Al llegar a los baños vi uno que tenía en la puerta un lobo… y dije “¿Y este baño para quién cojones es?”, porque con la manía que les ha dado ahora a los bares por ser creativos con las puertas de los baños hay veces que no sabes ni donde tienes que entrar a mear.
  • Jajajaja. Es verdad. Yo, más de una vez, me lo he tenido que parar a pensar un rato.
  • El caso es que justo salió un tío y al abrir la puerta vi que dentro había tazas de esas de mear en la pared y y dije “Ah, vale, parece  claro que es el de chicos. Voy al otro”. Pensaba encontrarme a una loba o algo parecido, cuando veo que el dibujo que hay en la puerta es una cabra. O sea… ¿Una cabra? ¿En serio? O sea, que ¿los tíos son lobos y las tías somos ganado? ¿La puta comida de los lobos? ¿EN SERIO? Me sentó como un tiro.

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  • 😲😲😲 No me extraña.
  • Antes esas cosas me molestaban menos, pero ahora cada vez las veo menos inocentes, porque cada vez las veo en más sitios. Y aunque no estén hechas deliberadamente, me parece muy heavy que se siga contribuyendo al machismo con esas cosas que tienen un sigficado tan peyorativo para las mujeres y que nos “cosifican” tanto. Aunque sea de una manera un poco subliminal.
  • Bueno. En este caso subliminal subliminal no lo veo yo, tampoco. Porque podían haber puesto que los tíos son un elefante… que además tendría mucho más sentido porque por lo menos tienen trompa, y ya no sería lo mismo que el lobo.
  • Desde luego que no. De hecho les hice una foto a las puertas y cuando subí toda indignada y se las enseñé las fotos a estos, fliparon. Y eso que ni siquiera les dije nada. Solo les dije algo como “¿Os habéis fijado en las puertas de los baños? ¿Son imaginaciones mías o aquí hay un mensaje oculto?”. Y de repente pusieron los tres los ojos como platos. Me dijeron que ellos no habían reparado nunca en ello. ¡Y precisamente eso me parece lo peor!: que son cosas de las que ni siquiera te das cuenta, y las aceptas como normales… pero te van calando en el inconsciente.
  • ¿Y qué te dijeron?
  • Se indignaron también, porque les pareció súper heavy. Pajares dijo que lo único que se le ocurría más denigrante que representar a las mujeres como una cabra hubiera sido poner una gallina. El caso es que se bebieron la copa de dos tragos y nos fuimos. Pero yo todavía estuve enCABROnada un rato más…
  • ¡Y nunca mejor dicho! 😖