Hoy había vuelto quedado con Toni. Como es un tardón y siempre tengo que estar esperando por él, le dije que me pasara a buscar por casa. Ya estábamos entrando en la zona de bares cuando Toni me dijo:

  • ¡Oye, Sandra! ¿Aquél de allí no es el “material dañado”?
  • ¡Joder! ¡Es verdad! ¡Es Diego!!
  • ¡Vamos a saludarlo! A lo mejor está el otro y te arregla el fin de semana…

Javi no estaba, pero nos dijeron que si queríamos ir a tomar algo con ellos y ya nos acoplamos para el resto de la noche.

Diego nos estuvo contando movidas de su trabajo y nos despachamos a gusto cada uno con el suyo, porque parece ser que la película no cambia demasiado aunque trabajes en sectores completamente diferentes.

Al llegar a un bar al que suelen ir muchas veces (que es donde antes nos los solíamos encontrar siempre que salíamos), estaba la zorra de Paula. Al verme llegar, me echó una mirada de odio furibunda, y se acercó a saludar a Diego (sin decir ni mu al resto). Se puso entre él y el resto de la gente y lo fue separando hasta que se quedaron a tres metros de nosotros. Se pasaron allí apartados como una hora, en la que no podíamos oír lo que hablaban, pero sí que podíamos ver cómo iba cambiando su lenguaje corporal. Al principio parecía que ella le estaba echando la bronca por algo, y Diego intentaba disculparse y arreglarlo. Luego Diego se empezó a encabronar y parecía que estaban discutiendo los dos. Después otra vez que Diego intentaba hacer las paces, y al final otra vez discutiendo… hasta que de repente Diego se dio la vuelta y se marchó. Era una situación muy curiosa de ver, porque él (según estuviera más cabreado o menos), se intentaba acercar algo a ella, o le tocaba un brazo, o cosas así… mientras que ella se pasó toda la hora cruzada de brazos (literalmente), tiesa como un palo, girada de medio lado y mirándolo como si fuera un insecto.

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