La semana pasada, cuando estuve en Canarias, antes de irme mi amiga Olga me hizo un regalo. Según ella misma es un pack de tres libros para locas modernas.

 

El primero que me he leído ha sido el de “La procrastinación eficiente” y creo que en las dos horas y media en las que me lo he leído me ha cambiado la vida.

Para los que no lo sepáis “procrastinar” es precisamente el afán que tenemos algunos de dejar para pasado mañana lo que deberíamos hacer hoy. No tengo claro que sea lo mismo que ser vago porque yo creo que los vagos lo que intentan es no hacer nada mientras que nosotros solemos hacer un montón de cosas… solo que esas cosas nunca son las que deberíamos.

Os voy a poner un ejemplo práctico de como funciona mi cabeza. Me levanto y, como soy un desastre e intento poner un poco de control en mi vida, lo primero que hago es una lista de las cosas que tengo que hacer en el día:

  1. Escribir 5 capítulos de mi libro
  2. Comprar una bombilla para el baño y cambiarla, porque está fundida
  3. Lavar la funda del sofá

No parece una lista demasiado ambiciosa, ¿verdad? Eso se debe a que soy consciente de que cuando apunto 20 cosas no termino haciendo ni tres, y además, lo que realmente me apetece es ir a tomar el sol un par de horas por la tarde, que es algo que me hace realmente feliz. Así que he apuntado solo esas tres cosas, que no deberían llevarme más tiempo que hasta las 5 de la tarde y así poder ir un rato a tirarme a la bartola en la playa.

Bueno, pues pese a mi (en teoría) excelente planificación, el día suele transcurrir de la siguiente manera:

  • Lo primero que pienso es que para escribir 5 capítulos de mi libro necesitaré unas ocho o nueve horas… y cuanto más seguidas las haga, es mejor. Así que quizá lo mejor sea bajar a comprar y hacer la comida, para así no tener que interrumpir la tarea a medio día.
  • Bajo a hacer la compra y compro un montón de cantidad para cocinar, porque así solo pierdo tiempo para cocinar una vez y mañana me ahorro perder ese tiempo.
  • Por el camino paso por unos chinos y entro a comprar la bombilla.
  • Paso por delante de la sección de pasamanería y me acuerdo de que hay un vestido que me encanta al que se le ha roto un tirante.
  • Entro y compro un trozo de cinta para cambiarle los tirantes pero no estoy segura de que vaya a servir porque el color no es el mismo.
  • Llego a casa y lo primero que hago es comprobar si el color del tirante pega con el vestido. ¡Sí que pega! Debería cambiarle ya los tirantes, porque total solo me va a llevar media hora (mentira, pero soy especialista en auto engañarme con los plazos de las cosas) y así podría ponerme ya el vestido, que si no se me va a pasar el verano sin sacarlo del armario.
  • Me pongo a coser los tirantes del vestido. Cuando termino me lo pongo a ver como me queda. ¡Me queda perfecto! Aunque no sé si me lo voy a poder poner porque creo que no tengo ningunos zapatos que me peguen con él. Aunque a lo mejor hay unos que me sirven una caja que tengo guardada…
  • Saco todos los zapatos viejos de las cajas en las que los tengo metidos y ya de paso, termino reorganizando todo el armario.
  • Limpio los zapatos para dejarlos listos para ponérmelos.
  • Ya que estoy con el tema textil, le quito la funda al sofá y la echo a lavar.
  • Por fin me pongo a cocinar.  Como he comprado tanto, voy a tardar un montón en picar todas las verduras y en cocinarlas. Creo que me voy a teñir el pelo y así en lo que estoy haciendo la comida, se me tiñe el pelo y gano tiempo (otra mentira, porque evidentemente en lo que me doy el tinte y no, pierdo tiempo), pero allá que voy.
  • Me tiño el pelo.
  • Cocino 3 kilos de arroz con verduras, o poco menos.
  • Me quito el tinte de pelo.
  • Como el baño ha quedado hecho un asco, me pongo a limpiarlo.
  • Ya que me he puesto, termino limpiando toda la casa.
  • Cambio la bombilla del baño.
  • ¡Qué bien me ha quedado el pelo! Aunque ahora que me miro en el espejo, lo que tengo hecho una mierda son las cejas. Me las voy a depilar. Uy, y el bigote. Me lo voy a depilar también. Bueno, en realidad creo que ya me toca depilarme entera, que tengo las piernas como un peluche…

Cuando me doy cuenta, es casi de noche y he hecho un montón de cosas: he arreglado un vestido, reordenado mi armario, teñido el pelo, he cocinado para una semana, he limpiado toda la casa, me he depilado… y he cambiado la bombilla y lavado la funda ¡¡¡Pero no he hecho lo único realmente importante en la lista que era escribir el libro!!! Me encabrono conmigo misma por ser un puto desastre y porque al final no he hecho lo que debía, y he estado todo el día perdiendo el tiempo en chorradas que ni siquiera quería hacer, cuando para eso podía haber ido dos horas a tomar el sol que hubiera sido igual de productivo (o sea, nada) y me apetecía muchísimo más que todas las mierdas que he estado haciendo.

Así que pienso: “¡Mañana lo soluciono! ¡Mañana pienso hacer una lista mucho mejor y pienso compensar el día de hoy escribiendo los 5 capítulos que tenía que haber escrito hoy, más los 5 de mañana!”

Pero tampoco. Mañana me pasa lo mismo, hago otras veinte cosas pero tampoco las que debería hacer.

Muchas veces eso tiene que ver con que cuando hago algo quiero que quede perfecto, y como sé que eso me va a llevar muuuucho tiempo y esfuerzo, me pereza empezar.

Y así, día a día, se me va pasando la vida posponiendo eternamente las cosas, sintiéndome culpable día tras día por ser así, y viviendo agobiada haciendo las cosas a última hora…

 

Olga me regaló el libro porque le pasa lo mismo que a mí y dice que cuando se lo leyó le animó mucho porque se dio cuenta de que no estaba loca y le alegró mucho ver que no era la única persona en el mundo en actuar de esa manera. También le ayudaron algunos trucos, como por ejemplo aprender a buscar una tarea más prioritaria que anteponer a la que tienes que hacer, para hacer la segunda de la lista. Por ejemplo, en mi caso podría ser:

  1. Hacer la declaración trimestral de la renta
  2. Escribir 5 capítulos de mi libro

Como parece ser que mi jodido cerebro siempre se va a intentar escaquear de la primera tarea de la lista, me va a costar mucho menos esfuerzo ponerme a escribir el libro, porque ya no es lo que se supone que debo hacer ni lo más importante. Y es que, está claro que, para combatir al enemigo, lo primero que hay que hacer es conocerlo.

 

 

Sé que los que no sois procrastinadores no lo podéis entender, pero a mí este planteamiento me ha cambiado la vida.

Al revés que Olga, yo creo que nunca he pensado de mi misma que esté loca por ser así (o si lo he pensado tampoco me ha importado demasiado), pero sí que es verdad que vivo constantemente sintiéndome culpable por ser así de desastre e intentando ponerle remedio y dejar de serlo para ser una persona más eficiente y organizada… Y este libro me ha cambiado bastante esa percepción (es lo mágico de los libros, que cada uno puede sacar una enseñanza diferente leyendo exactamente las mismas líneas), porque en realidad sí que soy eficiente a mi manera… solo que no lo soy de una forma eficaz.

Yo lo que he aprendido con este libro es a replantearme mejor mi día a día. Me he dado cuenta de que SOY ASÍ, Y LO VOY A SER SIEMPRE. No puedo pensar que mañana sí que voy a ser capaz de hacer 14 horas seguidas la misma tarea sin parar, porque es imposible. Tengo que estar haciendo 20 cosas a la vez… así que una vez asimilado eso, lo que he puedo hacer es priorizar mejor esas tareas que sé que voy a terminar haciendo para perder el tiempo y escaquearme de las que realmente tengo que hacer.

Por ejemplo. Hoy me he propuesto escribir este post, hacerme una limpieza facial porque me estoy viendo la nariz llena de puntos negros, ponerme una mascarilla, escribir tres capítulos de mi libro, hacer la comida, IR A TOMAR EL SOL DOS HORAS, transplantar una planta (porque me apetece y porque tengo la extraña necesidad de tener que hacer algo productivo con las manos a diario para no sentirme frustrada… no me preguntéis por qué), escribir otros dos capítulos de mi libro, hacer los ejercicios del BBG,  y hacer unos cuantos dibujitos (una viñeta para la revista Mía y un par de dibujos de los que van a ir en el libro también).

Como ya que sé que procrastinar voy a terminar procrastinando de todos modos, por lo menos voy a emplear ese tiempo de esparcimiento que necesito, haciendo algo más provechoso o algo que al final del día me haga sentir mejor. 😄😄😄