El viernes vino mi hermana de Madrid, porque se ha cogido una semana de vacaciones para pasarse unos días en el pueblo y desconectar.

El caso es que cuando estábamos por ahí de fiesta el viernes tomando unos calimochos, me dijo: “Oye, ¿y por qué no te vienes conmigo y estamos unos días en el pueblo juntas? Total, si te llevas el portátil, lo que haces aquí lo puedes hacer allí también. Escribir el libro, el blog, o lo que sea”.
Y pensé “Pues es verdad. Para un verano que estoy libre y puedo ir y venir a donde quiera, voy a aprovechar”.

Total, que metí cuatro cosas en la maleta (entre ellas uno de mis flamantes vestidos diy de dos euros que hice el otro día) y nos vinimos para el pueblo.

 

Y aquí llevamos cuatro días, de escapada rural… pero rural de verdad. Dando paseos por el campo, yendo a coger flores, a comer con mi padre a la bodega… y hoy, que hemos ido a pasar el día a el Lago de Sanabria.

Hemos empezado la mañana haciendo una ruta de senderismo, que por esa zona hay varias para elegir y todas súper chulas.

 

Íbamos nosotras tan felices, disfrutando de los árboles y de la naturaleza… cuando de repente hemos visto una víbora en mitad del camino, a menos de metro y medio de donde estábamos.

Nos hemos quedado clavadas… y cuando hemos visto que se ha empezado a levantar en posición de ataque, nos hemos dado la vuelta y hemos salido corriendo para atrás como alma que lleva el diablo (como comprenderéis de eso no hicimos fotos, por motivos obvios). 😰😰😰

Como no nos daba la gana que una puta culebra nos jodiera la mañana, hemos hecho acopio de valor y hemos rodeado un poco el camino (esquivando donde estaba la serpiente) para poder seguir, pero ya íbamos todo el rato tan paranoicas, mirando para todos los lados, y pegando un brinco cada vez que oíamos algo moverse entre las hierbas (o sea… cada medio minuto), que a los diez minutos hemos decidido cambiar de planes, porque estábamos sufriendo más que disfrutando. Y sufrir innecesariamente es tontería. 😅

Así que nos hemos ido a una de las playas que hay en el lago de Sanabria… y ahí hemos pasado el resto del día, medio a remojo, medio al sol… y tan felices.

 

Por lo menos allí no teníamos miedo de encontrarnos ningún monstruo en el agua peor que un mosquito o una trucha (que son los únicos bichos que hemos visto por allí hasta la fecha), los cuales quedan muuuuuy lejos en nuestra escala de “monstruos” a los que temer, que la víbora terrestre.

Para los que no tengáis la suerte de conocer esa zona, alrededor del lago de Sanabria hay varias playas naturales, que son como pequeñas calas, entre el lago y la montaña.  En verano el agua es apta para el baño (en invierno no porque está helada) y además es súper cristalina, por lo que es fácil encontrar a gente bañándose, jugando al balón, haciendo snorkel, etc.

 

Las playas están acondicionadas con baños, algún chiringuito donde comprar refrescos, en verano hasta se pueden alquilar patinetes a pedales para pasear por el lago… y también hay numerosos merenderos con mesas de piedra para poder comer y merendar a la sombra de los árboles que están en la zona de montaña al lado de las playas.

 

Como nos habíamos llevado un par de ensaladas para comer al llegar a la cima de nuestra ruta, pero al final no llegamos (en realidad creo que no hicimos ni una décima parte por culpa del incidente con la víbora), las comimos tranquilamente a la sombra en uno de los merenderos de piedra, y así nos libramos de achicharrarnos precisamente a las horas del mediodía.

 

En julio y agosto las playas del Lago de Sanabria suelen estar abarrotadas (hasta el punto de que no hay sitio para aparcar ni en las carreteras que llegan al lago, ni hay apenas sitio para poner las toallas), pero hoy (puede ser porque el día empezó bastante nublado), en total seríamos unas 50 personas en toda la cala de unos 100 metros de largo, así que hemos podido hacer unas fotos tan bonitas como esta.

 

¿Qué? ¿Seguís pensando que solo hay playas chulas en la costa? 😏