No sé si recordáis que este verano, cuando fui a ver a mi amiga Olga a Canarias, me regaló un “kit de libros para locas modernas” (según ella misma lo definió). El kit se componía de tres libros:

  • uno sobre los pasos para tener una piel tan radiante como las coreanas (que francamente me lo leí sin pena ni gloria porque no estoy dispuesta a hacer ni una décima parte de las cosas que pone en el libro… así se me quede la cara como a una marioneta de cuero).
  • otro sobre la procrastinación eficiente, que me ENCANTÓ (así, con mayúsculas) y ya os hablé de él en el post: No dejes para mañana lo que puedes hacer pasado mañana
  • y el tercero que es “La magia del orden” de Marie Kondo, que muchos me dijistéis que ya conocéis porque en los últimos años ha sido súper famoso… Y que no me había puesto a leer hasta ayer.

 

Tengo que decir que, entre otras muchas taras que tengo, una de ellas es que me cuesta horrores tirar las cosas. Voy acumulando y guardando cualquier mierda que os podáis imaginar “por si acaso”.

La última vez que Olga estuvo en mi casa, se dio cuenta de que, pese a que después de reformar mi habitación tiene mucho espacio de almacenaje, y la tengo siempre colocada… está más llena de lo que debería. Por ejemplo, debajo de la cama tengo tantas cajas/contenedores de ruedas que no queda un solo centímetro libre bajo ella (porque tengo ocho contenedores, que encajan como un tetris para no desperdiciar ni un centímetro de sitio). Aparte de eso, tengo cajas encima de los armarios, cajas encima de las estanterías (todas de unos colores muy cuquis que combinen con el resto, eso sí)… pero cajas llenas de cosas, al fin y al cabo.

 

Aparte de mi natural tendencia a acumular mierda, se me juntan otros tres problemas que me lo acentúan todavía más:

  • El primero es que no suelo romper nunca la ropa y que uso la misma talla que cuando estaba en el instituto, por lo que me da mucha pena tirar ropa que está nueva y que me vale… aunque no la use porque esté pasada de moda (y sepa que en realidad nunca más la voy a volver a usar).
  • El segundo es que, al revés que la mayoría de las chicas, ODIO comprarme ropa. Lo odio con toda mi alma. Así que intento aferrarme a la ropa que ya tengo (aunque esté rota, o tenga desteñidos de lejía), para no tener que ir a comprarme otra nueva (de hecho la más estropeada que tengo siempre es la que más me gusta… y al final casi siempre acabo saliendo a la calle como una indigente).
  • Y el tercero es que soy muuuuy buena colocando las cosas para ganar espacio. De manera que cuando parece que ya no me cabe nada más y voy a tener que tirar algo para hacer sitio, se me ocurre una manera mejor de colocar las cosas para que quepa todo bien y no tener que tirar nada.

 

 

¿Por qué os cuento todo esto? Porque el libro básicamente habla de que hay que tirar todo lo que nos sobra. Y como ya os imaginareis, eso viene siendo prácticamente todo. 🙁

Yo no me veía capaz de hacer semejante cosa, porque ya he intentado hacer limpieza varias veces y no he podido tirar más que una camiseta agujereada… o dos como mucho. Pero anoche, después de leer el libro estaba muy motivada y decidí empezar por lo más fácil: las bolsas.

Supongo que muchos de vosotros tendréis una bolsa en la que guardáis otras bolsas (bolsas de papel, o bolsas de plástico cuquis de las que te dan en las tiendas de ropa)… por si necesitas bolsas algún día. Yo tenía las mías en una caja grande. Ya no me cabían, y llevo cosa de un mes pensando en que NECESITABA una caja más grande para poder meter las bolsas nuevas porque ya no me cerraba.
Por eso, cuando me terminé el libro, lo primero que decidí tirar fueron precisamente las bolsas (para así poder tener bolsas en las que ir metiendo y tirando la ropa vieja, y matar dos pájaros de un tiro).

¿Os podéis creer que, cuando estaba revisando las bolsas para ver cuales tirar, encontré una bolsa de Galerías Preciados? ¡¡¡DE GALERÍAS PRECIADOS!!! Que mucha gente no sabrá ni lo que es, ¡¡¡porque hace 22 años que dejó de existir!!! ¡¡Y hace 25 que fue su 50 aniversario, que es de cuando es la bolsa!!
¡¡¡Por mi casa han pasado yogurines que tenían prácticamente los mismos años que esa bolsa!!! 😖

 

O sea… me quedé “de pasta de boniato” (por usar una expresión tan viejuna como la propia bolsa). ¿¿¿En qué momento nos puede parecer rentable acumular una mierda de bolsa de plástico “por si acaso” nos hace falta… durante 25 años???

Cuando terminé de seleccionar las bolsas (guardé solo las dos o tres que más me gustaban de cada tamaño), y al terminar vi que había llenado DOS BOLSAS GRANDES de BASURA solo con eso. Así que no me quise ni imaginar lo que saldría de mi habitación cuando me pusiera a revisar las cajas de debajo de mi cama.

Efectivamente… para tirar casi todo. ¡¡16 bolsas de basura en total he conseguido acumular a lo largo del día!! Y eso que todavía no me he puesto con la ropa… que solo he mirado el calzado, foulards, complementos, y poco más.

 

Osea… ¡¡no doy crédito!! Cuando en el libro leía que la gente tiraba 30 bolsas, 45 bolsas… pensaba ¿¿pero que casas tiene esa gente para que le quepan tantas cosas?? Pero es que yo he sacado todas esas solo de mi habitación… ¡¡y lo que me queda!!

¿Os podéis creer que he llenado una bolsa entera solo de botecitos de muestras de cremas, de botes empezados de productos de cosmética que dejé de usar hace años pero que nunca tiré (aunque a estas alturas ya debían estar caducadísimos), de jabones de formas cuquis, de sales de baño que te regalan y nunca usas, etc. ¿Os suena de algo?

Pero… ¿cómo podemos llegar a acumular tanta mierda? Y lo más curioso… ¿cómo no nos damos cuenta de que es MIERDA?

 

No me puedo creer que esté diciendo esto (yo, que tengo guardados hasta los zapatos de plataforma que usaba en primero de B.U.P.)… pero ahora mismo estoy tan loca con esto, que ¡¡¡estoy deseando levantarme mañana para seguir tirando más!!! Y eso que hoy voy a tener que ir a dormir en el sofá porque mi habitación está en este estado, jajaja.

 

Mañana os cuento un poco más sobre el método Konmari (o sea, lo del libro) y los beneficios que nos puede suponer deshacernos de todas las cosas que no necesitamos, porque (aunque parezca una exageración) os aseguro que implica muchas otras cosas y a mí es verdad que me está abriendo un mundo…