Al separarme de Pili, vi que Paco-Will, Enma y Oliver estaba en la barra. Para variar, Paco-Will y Enma estaban muy arrimaditos y muy enfrascados hablando entre ellos, así que Oliver estaba un poco descolgado… Con la excusa de ir a la barra a pedir algo, dejé a Pili y me junté con él. Tuve la suerte de que un taburete se quedó libre, así que me acoplé y ahí nos quedamos de cháchara un buen rato. De vez en cuando sufríamos alguna interrupción por parte de Patri, que andaba pululando de un lado para otro (embutida en otra de esas minifaldas que usa que más bien parecen cintas de pelo), y alguna otra interrupción por parte de Elena que, cada vez que se acercaba a la barra a pedir, lo hacía metiéndose entre Oliver y yo, y dándome la espalda. Una de esas veces, aproveché para coger el móvil y escribirle a mi hermana:

  • Oye Adri, ¿a qué hora quedamos mañana para ir a comprar juntas los regalos de reyes? Muy pronto no porque no quiero madrugar, pero muy tarde tampoco, que si no luego vamos a andar muy pilladas…
  • No, yo muy pronto tampoco quiero quedar, que yo me estoy yendo ahora para casa y si no, entre lo que ceno y tal, no voy a dormir nada…
  • Nosotras acabamos de salir ahora de fiesta, así que imagínate lo que voy a dormir yo, jajajaja.
  • ¡Anda! ¿Estáis por ahí de fiesta? Yo pensé que estarías en casa…
  • No, estamos en un bar en el centro.
  • Pues dime qué bar es y me paso un rato a tomar una y saludaros.

Cuando Adri llegó, saludó a las chicas y luego le presenté a la gente que no conocía… o sea, a Oliver y a Paco-Will, porque ni Elena ni el resto hicieron intención de acercarse, y yo desde luego que tampoco tenía ningún interés en meter a mi hermana entre semejante manada de hienas.

Adri se quedó con nosotros en la barra. Pensaba haber estado solo un rato pero al final terminó pidiéndose una copa porque me dijo que se estaba divirtiendo mucho observando a Patri acercarse a Oliver cada cinco minutos en un renovado (y nada discreto) intento de tontear con él, y viendo como Oliver se escabullía de sus ataques con la misma rapidez y facilidad con la que un pez se desliza por el agua. Y es que ¡en la vida he visto yo a un tío zafarse tanto rato seguido de Patri con esa elegancia! Hubo un momento en el que él estaba sentado en un taburete y Patri se le iba tirando cada vez más encima, hasta que prácticamente lo tenía acorralado entre ella y la barra. Ya parecía que no iba a tener escapatoria posible cuando Patri le metiera morro (cosa que tenía pinta de que pudiera pasar de un momento a otro)… pero entonces Oliver se levantó del asiento y dijo sonriendo:

  • Perdona Patri, que no te he ofrecido el asiento y ya veo que debes tener muchas ganas de sentarte… porque cada vez te me estás tirando más encima, SIN DARTE CUENTA.

Puso el taburete delante de Patri, marcando bien la distancia para separarse, mientras se reía… y luego dio un paso atrás colocándose entre la barra y el taburete en el que estaba sentada yo, quedando automáticamente fuera del alcance de Patri y de la zona de peligro.