• ¿Van a venir esas dos zorras? ¿A qué? Bueno, claro… a calentar a Diego y al otro, no sea que se les enfríen…
  • Jajajaja —Simón no se esperaba esa reacción y no pudo evitar una carcajada—.
  • Jajaja. Joder Enma…
  • ¿Es verdad o no? —Le preguntó Enma directamente a Simón—.
  • Yo me callo. No puedo decir nada malo de la ex de un amigo…
  • ¿Y algo bueno? ¿Eres capaz de decir algo bueno de ellas?
  • Humm… Ahora mismo no se me ocurre, jajaja.
  • No me extraña, porque vaya dos elementas están hechas —siguió Enma—. Me acuerdo un día que salimos con vosotros y apareció Paula, calentó a Diego un rato, le metió morro… y en cuanto vio que había conseguido lo que quería, se fue para casa dejándolo con un palmo de narices. Me sentó como un tiro hasta a mí… así que me imagino que a vosotros que sois sus amigos, os sentaría peor todavía.
  • Eso lo ha hecho ya unas cuantas veces… y evidentemente claro que nos jode. Pero él sabrá… Nosotros no nos podemos meter…
  • ¿Por qué no? A mí me gustaría que mis amigas me dijeran que un tío me está puteando si yo no me hubiera dado cuenta por mí misma. A veces estás tan pillado por alguien que no ves esas cosas…
  • Si le dijéramos eso a Diego con los que se iba a cabrear sería con nosotros porque defiende a Paula a capa y espada. Ni se os ocurra criticarla delante de él porque las que vais a salir perdiendo sois vosotras. Es un tema con el que no atiende a razones… Y cambiad de tema, que está volviendo…

En esto que aparecieron Diego y Javi y se pusieron a nuestro lado. Diego venía con una bandeja de minihamburguesas que acababan de pedir y nos la ofreció. Cogimos una cada uno, pero yo me la quedé mirando sin saber muy bien cómo comerla porque tenía un minihuevo encima y me daba la impresión de que en cuanto le diera el primer mordisco el resto se iba a desmontar completamente y se me iba a caer encima poniéndome perdida.

  • ¿No te gustan las minihamburguesas? —Me preguntó Diego—.
  • Sí… Lo que pasa es que no sé como comerla sin que se desmorone…
  • Pues cómetela de un solo bocado, como estamos haciendo los demás.
  • Es demasiado grande para metérmela entera en la boca de una vez. A mí no me cabe una cosa tan grande… —dije, mientras le pegaba el primer mordisco de lado, intentando no romper la yema—.
  • ¡Qué mentirosa! —dijo Javi—. Los dos sabemos que te cabe eso y más.

Ninguno nos esperábamos esa contestación de Javi, teniendo en cuenta que es un tío muy discreto y nunca dice cosas parecidas.

Al oírlo, Diego puso una cara como si le hubieran pegado una patada en la boca del estómago, se dio la vuelta y se fue sin decir una sola palabra… Enma y Simón no pudieron evitar una carcajada a pleno pulmón… y a mí, que justo estaba intentando tragar el trozo de hamburguesa que había mordido, se me fue la comida por mal sitio y me dio un ataque de tos.

Me empecé a poner cada vez más roja y no conseguía respirar. Enma tuvo que empezar a darme golpes en la espalda mientras yo echaba toses y esputos cada vez más de abuelo… y al final tuve que ir al baño, porque casi vomito del esfuerzo. Todo así de glamuroso como suena.

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