Cuando salimos a la calle estaban casi todos fuera…

… y, antes de que me diera tiempo a tener más tentaciones sobre dónde darle el beso a Diego, me puso la mejilla. Sí, así de adolescente como suena todo.

  • Madre mía, vaya dos… —no pudo evitar decir Enma—.
  • Bueno, Diego —dije yo intentando salir de ese momento de película adolescente de serie B—. Cuéntanos algo más de tu nuevo curro, que no sabemos nada…
  • Pues el trabajo está muy guay aunque me pagan una mierda, y bla bla bla… Pero voy a aprender mucho porque bla bla bla… Antes de empezar tengo que hacer un curso de formación que empieza el lunes, así que me tengo que ir el domingo y bla bla bla…

Esa conversación tan erótico-festiva nos traíamos, cuando aparecieron Paula y su hermana, muy sonrientes. Nada más llegar, hicieron una batida visual para localizar a Diego. Cuando lo vieron sentado a mi lado, se les borró automáticamente la sonrisa de la cara y me echaron (las dos a la vez) una mirada asesina.

Acto seguido empezaron a saludar a todo el mundo, mientras se iban acercando poco a poco, hasta que terminaron a nuestro lado. Saludaron a Enma dándole dos besos cada una, para, acto seguido, ponerse de cara a Diego y de espaldas a mí, haciéndome el vacío deliberadamente, y siendo la única persona a la que dejaron sin saludar.

Enma me miró con sin saber muy bien qué hacer (porque aunque está claro que Paula y yo no nos caemos bien pero hasta ahora nunca me había negado el saludo… ni muchísimo menos). Miré a Simón de reojo y vi que él también estaba observando la escena… y al darse cuenta de que lo miré, encogió los hombros con resignación y se dio la vuelta. Por un momento se me hizo raro que al otro lado de esa barrera de hostilidad estuviera Diego separado por la zorra de su ex, y no Oliver separado por Elena.

En seguida entendí porqué la zorra de Paula y su hermana habían dejado a Diego el último para saludarlo. Y es que, según se quedaron a su lado…

Compartir: