Cuando Enma y yo llegamos al bar al que me había dicho Diego, la mayoría ya estaban allí. Los fuimos saludando de uno en uno y tardamos bastante en terminar la ronda porque, como hacía mucho que no los veíamos y yo iba con las muletas, todos me iban preguntando por la pierna. Todos menos Javi, que, a pesar de que también llevaba sin verme mil años y de que la última vez que coincidió con Patri y con Enma les preguntó por mi rodilla, me saludó como siempre: o sea, dándome dos besos casi a regañadientes para, acto seguido, huir a la otra punta del bar sin decir nada más.

Me hubiera hecho ilusión que se interesara un poco más en preguntarme por mi rodilla, pero también sentí esa alegría y ese pequeño alivio que siempre da comprobar que tu relación con una persona sigue en el mismo punto en el que la dejaste, por mucho tiempo que haya pasado entre medias sin verla.

Encontrarme con Diego fue un poco raro porque, a pesar de que nuestras últimas conversaciones por Whatsapp y por Facebook han sido cordiales, hacía mucho que no coincidíamos en persona y, después de la tensión de las últimas veces, no sabíamos muy bien ni como saludarnos. Además, no sé si fue una sensación mía o no, pero me dio la impresión de que todos los demás también estaban pendientes de a ver lo que hacíamos.

Como no pasó nada raro y simplemente empezamos a hablar, Simón, uno de sus amigos con los que mejor nos llevamos, me dijo:

  • Bueno, Sandrita, ¿y tú qué tal con tu novio?

Enma y yo nos miramos con los ojos como platos, y yo me di cuenta de que Diego puso toda su atención en escuchar mi respuesta…

  • ¿¿¿Qué novio???

Mientras tanto, habían llegado otros chicos que Enma y yo no conocíamos, porque se ve que eran amigos de Diego de la universidad, y fue a saludarlos. Simón siguió preguntándonos:

  • ¿Y cómo es que no han salido Pili y Patri?
  • Pues Patri este finde no ha venido, porque ya sabes que suele venir solo una vez al mes o así… Y Pili está de viaje por trabajo y no llega hasta mañana. Pero vamos, que si llegan a venir no sé dónde nos hubiéramos metido, porque casi no cabemos en el bar.
  • Ya. Y eso que todavía falta gente por llegar… como Paula y su hermana.

Nota mental: le tengo que preguntar a Enma si a ella también le ha parecido que ha puesto mucho énfasis y se me ha quedado mirando más fijamente cuando ha pronunciado el nombre de Paula.

Ya contábamos con que podía estar invitada, pero no se nos había ocurrido quepudiera venir su hermana. Ella también estuvo liada con otro chico del grupo, al que dejó por otro tío… pero eso no impide que de vez en cuando siga quedando con él y que siga calentándolo para mantenerlo en la reserva. Vamos… cortada por el mismo patrón que su hermana.

Antes de que yo pudiera decir nada, Enma respondió por las dos.

 

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