Esta mañana me ha llamado Espeso. Normalmente todas las semanas hablamos una vez o dos por teléfono, aunque siempre suele ser por la tarde. Pero hoy estaba de viaje, y ha aprovechado que tenía un rato libre para llamarme por la mañana:

  • ¡Hola petite fleur!
  • ¡Hola Espe!
  • Tengo una noticia que darte.
  • Sorpréndeme…
  • El domingo por la tarde tengo que pasar por Valladolid, así que si quieres y no tienes planes más emocionantes, quedamos a tomar algo… ¿te apetece?
  • ¡Clarooooo! ¡Me apetece un montón! Llevo un mes encerrada en casa apenas sin salir ni quedar con nadie, porque no podía con la vida… así que ahora que me estoy recuperando, me apetece un montón volver a hacer vida social.
  • ¡Qué bien! Me alegro de que estés mejor, bonita, porque las últimas veces que he hablado contigo, me daba la impresión de que estabas súper apagada y que hasta hablabas ralentizado… ¡si hasta hubo un día que no sabía si estaba hablando contigo o con Jesús Hermida!
  • Jajajaja. Ya… Pero ya estoy mucho mejor. Ayer incluso volví a hacer algo de bricolaje, y hoy en cuanto me he levantado me he puesto a recolocar las estanterías de mi habitación, porque últimamente he ido comprando ropa nueva de deporte y ya no me cabía en las baldas.
  • ¿Y para que quieres tanta ropa de deporte si luego te pasas el día tirada en pijama delante de la tele hecha un “bicho-bola”?, jajajaja.
  • Ehhhh, no no, de eso nada… que es verdad que he estado muy vaga y casi no he salido de casa, pero he seguido haciendo ejercicio. A trancas y barrancas pero lo he seguido haciendo…
  • ¿¿¿Ah sí??? Eso sí que no me lo esperaba.
  • Pues sí. Además aunque no haga ejercicio, me sigo poniendo la ropa de fitness, porque ahora es la ropa que uso como ropa normal.
  • ¿¿¿¿Cómooooo????
  • Pues eso. Que como ahora trabajo desde casa, antes me levantaba y me quedaba en pijama… luego me vestía para bajar a hacer la compra… volvía a casa y me ponía un chándal cómodo… luego para hacer ejercicio me ponía la ropa de deporte… luego me duchaba y me volvía a poner el chándal… y antes de irme a dormir, otra vez el pijama. Vamos, que al final hacía más cambios de vestuario que la Pantoja, y me daba una pereza que me moría. Así que ahora, lo que hago es que según me levanto me pongo ya la ropa de deporte y es lo que llevo todo el día.
  • ¡¡¡Sandra, por favor!!! ¡¡¡Eso sí que no!!! No hay cosa más horrorosa que la gente que va por ahí todo el día en chándal. Un poquito de glamour en la vida, mon Dieu.
  • Hijo, pues yo no lo veo tan grave. A ver, que para ir a una boda no voy a ir así, pero para bajar a comprar fruta o ir de paseo…
  • ¿¿¿Para ir de paseo vas en chándal???
  • Anda, claro. ¿Qué mejor para andar que ir en deportivas? Y si vas en deportivas, pues ponerte ropa de deporte es lo suyo, ¿no? ¿Qué ves de raro?
  • Ay madre, pues que no se puede estar todo el día en leggins, como una vulgar maruja abandonada de periferia. ¡¡Sandra, contrólate!! Que veo que cualquier día sales con los rulos puestos…
  • Ehmmmmm…
  • Ay madre, ¡¡no me digas que has salido con los rulos puestos!!
  • Jajajajaja. No, porque rulos no me pongo… pero el sábado pasado me di cuenta a las 8 de la tarde que no tenía agua mineral y bajé al súper a comprarla, porque claro, al día siguiente era domingo y estaba todo cerrado… así que bajé de un momento. Lo malo es que justo estaba en mi día de tratamientos capilares y tenía el pelo todo embadurnado y recogido en un moño mal hecho en lo alto de la cabeza.
  • Ay dios. ¿¿¿Me estás diciendo en serio que bajaste a comprar con una mascarilla en el pelo???
  • No, con una mascarilla normal no… Con henna, que es un barro maloliente que se ve y se huele a dos kilómetros, jajajaja. Pero es que era en ese momento o nunca… y tampoco me pareció tan grave, que el súper está a 50 metros de mi casa.
  • Por dios, Sandra. Entra en razón. No se puede ir así por la vida, ¡que vivimos en una sociedad civilizada! ¿¿¿Y si te llegas a encontrar a alguien, qué hubiera pensado???
  • ¡¡¡Es que me lo encontré!!! Jajajajaja. Al volver, vi justo en un bar que hay debajo de mi casa a un chico muy majete que conozco porque tenemos amigos en común, me saludó, empezamos a hablar y me invitó a un calimocho… Le dije que no porque iba con el chándal y tenía el pelo lleno de barro y oliendo fatal y me dijo “Yo soy jardinero y llevo todo el día currando y sudando al sol, así que te aseguro que yo llevo más barro encima y huelo bastante peor que tú. Así que, venga, que eso no es excusa”. Conclusión: al final volví a casa a las 23:30, después de habernos tomado por lo menos tres calimochos, con el pelo como un nido de cigüeña maloliente y haciendo eses por la acera con una garrafa de cada mano. Jajaja.

  • Ay dios. ¡¡Qué vergüenza ajena!! Cuando quedes conmigo ni se te ocurra presentarte así, ¿eh? Haz el favor de vestirte de persona normal. 
  • No prometo nada.
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