Es curioso como generalmente atraemos a el mismo perfil de persona una y otra vez…

Ayer Paco-Will no fue al tercer tiempo porque, según le explicó a Enma por Whatsapp, estaba de viaje. La que sí que estaba allí cuando llegamos era Pili, que también se sorprendió mucho de verme sin muletas.

Nos sentamos las tres en una mesa y estuvimos comentando lo de Javi de la noche anterior y lo de mis nuevos propósitos de mentalidad positiva (que también eran mucho más fáciles de afrontar después de haberme vuelto a tirar a Javi, claro).

Otro que también estaba era el jugador de rugby viejoven con el que se había liado Pili hace dos semanas… y estaba metiéndole la lengua hasta la campanilla a una morenaza de pelo rizado y metro ochenta. Solo coincidimos con él unos minutos, porque prácticamente nada más sentarnos en la mesa y pedir la primera ronda, lo vimos irse con ella agarrados de la mano en dirección a donde Pili nos había dicho que estaba su casa.

Se notaba que Pili estaba tocada, porque no hacía más que mirar hacia la puerta, para ver si el viejoven volvía… y apenas estaba escuchando lo que Enma y yo le estábamos contando.

 

Aproximadamente a la hora y media de haberse ido el viejoven, volvió a entrar en el bar… sin la morena. Pili se puso nerviosa y no hacía más que ir y venir constantemente de un lado para otro. Se acercaba a pedir a la barra, iba a mear cada dos minutos… cualquier excusa era buena para pasar cerca de donde estuviera él. Demasiado sutil… Las había más rápidas y menos pudorosas, y en menos de media hora el viejoven estaba comiéndole el morro a otra. Esta vez una rubita de pelo corto… a la que de nuevo se llevó de la mano, en la misma dirección que a la anterior.

  • Joder, con el cara-cangrejo este de las narices, ¿no? —me dijo Enma—. Ya lleva dos seguidas y todavía no estamos ni a media tarde.
  • Ya te digo. A este paso todavía está a tiempo de volver y buscar una pelirroja para completar el triplete.
  • Pero ¿qué le ven? Si encima es más feo que picio…
  • Chica, ni idea. Yo tampoco le veo el morbo por ninguna parte.

Pero parece ser que todo el morbo que no éramos capaces de encontrarle nosotras dos se lo encontraba Pili, porque en cuanto a las dos horas volvió a aparecer por la puerta, se acercó a él, se pusieron a hablar muy arrimaditos… y se ve que esta vez consiguió ser menos sutil, porque al final en vez de verlo salir por la puerta con una pelirroja para completar la tarde… muy a nuestro pesar, lo vimos desfilando con Pili.

Compartir: