• ¿Pero tía? ¿Qué fue lo que pudo pasar para que estuvieras tan feliz y de repente se fastidiara todo?
  • Pues lo peor es que no lo tengo claro ni yo.
  • ¿Y eso cómo puede ser?
  • Pues porque estábamos en la cama tan a gusto, medio dormidos, medio metiéndonos mano… Cuando Héctor dijo que iba un momento al baño, que no tardaba nada y que le mantuviera la cama caliente para no notar el contraste cuando volviera porque él ya estaba caliente de sobra… o algo así.
  • Jajaja.
  • Al levantarse vio en la mesita el libro de “El Secreto” y me dijo:
    libro-el-secreto

    • ¿Así que este es tu libro de cabecera?
    • Sí.
    • ¿De qué va?
    • De la “Ley de la atracción“. ¿Sabes lo que es?
    • Algo como lo de “50 sombras de Grey”, supongo.
    • Jajajajajajajaja. Noooooo, nada que ver, jajajajaja. Es un rollo friki sobre como el universo conspira para poner en tu camino cosas que vibran en la misma sintonía que tú.
    • Ah, ya empezaba a pensar que todos los libros que te interesan iban de lo mismo…
    • No no, jajaja. A mi la literatura erótica no me gusta nada.
    • Pero tu libro va un poco de ese rollo, ¿no?
    • ¡Qué va! No es nada de ese estilo. Ya lo verás. Por cierto, si quieres cuando te vayas a marchar te dedico uno y te lo llevas, para no tener que dártelo otro día, que es más coñazo.
  • Y entonces me miró con una cara súper rara, como cabreado, y se fue al baño sin decir más.
  • O_O ¿Por qué? ¿Por decirle lo de que se llevara el libro?
  • Pues no lo sé, pero supongo que sí, porque otra cosa no le dije…
  • ¿Y por qué te miró mal por eso?
  • Lo mismo al decirle que se llevara el libro entendió que no querías quedar con él otro día para dárselo y le sentó mal.
  • Pues yo lo que le quería decir es que si quería llevarse un libro, que era mejor que se lo llevara en ese momento que se iba a ir directo a su casa, que otro día. Porque si quedamos otro día y se lo llevo, luego tenemos que andar cargando con él toda la tarde y estorba y pesa… Y como de mi casa se iba a ir a la suya pues me parecía más cómodo.
  • Pues sí. Totalmente normal, vamos. 
  • Pero está claro que él debió entender algo completamente distinto, porque cuando volvió del baño estaba muy, pero que muy, cabreado. Bueno, no… cabreado no. Más bien resentido. De hecho ni me miró. Se sentó en la cama y empezó a vestirse, sin mediar media palabra. Yo me quedé completamente flipada y le pregunté que si ya se marchaba:
    • ¡Pues claro! Ya son horas de estar en casa, y no por ahí haciendo el idiota.
  • O_O ¿Te dijo eso?
  • Sí.
  • Joder.
  • Pero lo peor no fue que me dijera eso. Fué el tono en el que me lo dijo. Fue taaaan frío y tan seco, que me quedé de piedra. Yo nunca había oído a Héctor hablar en ese tono y… uffff. No me lo esperaba, y menos después de que hace un momento estuviéramos tan felices. Me quedé tan helada que no fui capaz de articular palabra. Y mirad que eso es difícil.
  • Ya te digo…
  • ¿Y se marchó sin más?
  • No. Justo antes de que se terminara de vestir, después de tragar saliva como veinte veces, fui capaz de decirle: “Espera, que por lo menos te voy a acompañar a la puerta”. Y me dijo “No me hace ninguna falta. Digo yo que seré capaz de salir solo, que tan imbécil no soy”.
  • O_O
  • Pero es que me lo dijo con un desprecio… y sin mirarme siquiera a la cara. Creo que no me habían hecho sentir tan pequeña en mi vida.
    problemas-de-pareja
  • ¿Y se fue? ¿Así, sin más?
  • Sí. Así sin más. No me dijo ni adiós.
  • Uffff. Ahora entiendo que te hayas quedado así de jodida :-(
  • ¿Veis porqué no tenía yo muchas ganas de hablar y os decía que se cuenta en dos minutos?: Nos liamos, estuvimos muy a gusto, pero de repente se encabronó no sé por qué y se marchó encabronado sin dirigirme la palabra. Y punto. Eso es todo lo que hay que contar.
  • Ya, pero es que es todo súper raro. Estoy flipando. No entiendo nada.
  • Prffffff. ¿Qué es lo que no entiendes? ¡¡Este tío es gilipollas!! Eso es lo que le pasa. ¡¡Y está como una puta cabra!!
  • No sé… A lo mejor es el típico cabreo de borracho que al día siguiente se te pasa ya ni te acuerdas de porqué fue.
  • No no. Porque por la mañana ya borrachos no estábamos.
  • Pues no sé… pero por algo se pondría así. Yo creo que es que cuando le dijiste que se llevara el libro en ese momento, pensó que es que no quería quedar con el más veces y por eso se enfadó tanto.
  • ¿¿¿Y eso no es estar como una puta cabra??? Vamos a ver, que estamos perdiendo la perspectiva. Que Sandra llevaba intentando ligárselo casi dieciocho años, ¡¡¡DIECIOCHO AÑOS!!! Que acababan de echar un polvo, estaban tan a gusto diciendo que si quedaban otro día para repetirlo bien hecho y de repente al otro se le cruza un cable porque ha entendido una cosa que no le ha gustado y en vez de preguntárselo o de hablar con ella, se encabrona y se marcha sin intención de volver a dirigirle la palabra… ¿¿¿en serio te parece que eso no es estar como una puta cabra???
  • A ver. A lo mejor es que es un chico muy inseguro y no se atrevió a hablar con ella directamente. Yo por ejemplo también soy muy insegura, y yo creo que tampoco sería capaz de hablar con alguien si entiendo que acaba de decirme que prefiere no quedar conmigo… No sé.
  • Pero vamos a ver Nekane… ¿¿me estás diciendo que tú te irías sin dirigirle la palabra??
  • No, eso no… 
  • ¡¡Pues entonces no digas sandeces!! Es un tarado y punto.
  • Jajajajajajaja. Joder. Parece que estoy confinada a tener un ángel bueno y un demonio malo comiéndome la oreja todo el día.
  • ¡¡Es que me ha encabronado!! ¿Pero quién se cree este tío que es para tratarte con ese desprecio? Si está mal de la cabeza y cualquier cosa que le digan se pone a la defensiva… pues que vaya al psicólogo, joder. Pero que no ande por ahí jodiéndole la vida a nadie.
  • Ya, pero…
  • ¡Ni pero ni nada! Es que con este chico sieeeeeeeeeempre hay algún problema: o no sabe lo que quiere, o no se decide nunca, o aparece para luego desaparecer de repente, o cuando por fin se decide de repente se encabrona por una idiotez y te deja de hablar. ¡Vamos, no me jodas! ¿Qué hostias tiene ese tío en la cabeza?
  • No sé :-(
  • Yo lo que tengo cada vez más claro es que sí que le gustas. Cuando dijo que no quería leer tu libro porque había cosas que preferiría no saber, a mí me sonó totalmente a que quería leerlo porque le dolería. Porque si no, ¿qué más le da saber que no saber lo que hayas hecho con otros? A mí desde luego me da lo mismo. Y lo del cabreo… pues igual. Yo creo que decirte que quería que prefería quedar contigo otro día para que le dieras el libro en vez de coger el que habías llevado para Raquel… fue toda una declaración de que quería volver a quedar contigo. Si luego le dices que se lleve un libro para no volver a quedar otro día… Pues yo entiendo que le sentara mal. A ver… que tampoco estoy diciendo que me parece bien que se marchara sin hablarte, pero entiendo que si le gustas y es un tío tímido o inseguro, que le fastidiara.
  • Vamos a ver. Para empezar: cuando me dijo lo de quedar otro día para darle el libro fue antes de liarnos y era como excusa para volver a vernos. Después de liarnos ya me estaba diciendo que teníamos que volver a quedar… y no creo yo que hiciera falta ya la excusa del libro ni mierdas semejantes. Y segundo: yo no le dije que no quisiera quedar con él otro día. Le dije que se llevara el libro porque era más cómodo que llevárselo otro día.
  • ¿Pero él lo entendió así? Porque la frase podía llevar a confusión.
  • Vamos a ver. ¡¡Que el problema no es ese!! Que da igual que Sandra le guste o que o le guste, o que haya entendido mal lo del libro o no. El problema es que ¿dónde vas con este telar de tío? ¿Qué pretendes? ¿Salir con él y que te haga lo mismo? ¿Que se cabree por cualquier cosa que entienda mal y deje de hablarte y desaparezca? ¿Que hoy diga que sí y mañana que no? ¡¡Como salgas con ese tío tres días eres tú la que acabas completamente desquiciada!!
  • Ya…
  • Hummmm. Me temo que en eso ni el ángel bueno le puede quitar razón :-(
  • Jajajajjaajajaja.
  • Jajajaja, pues sí que es grave entonces, jajajaja.
  • No, es que eso es verdad. Si es así de inseguro o de indeciso o lo que sea… va a seguir siendo así siempre. Porque la verdad es que hasta a mí me parece totalmente exagerado que si alguien lleva dieciocho años intentando tener algo contigo, te pienses que ya no quiere nada solo porque te diga que te lleves un libro. Que yo también soy insegura, pero… ¿tanto?
  • Prfffff. Eso es un telar, y no tiene arreglo. Te lo digo yo.
  • Y también es verdad que si es de los que se enfadan y esconden la cabeza en vez de hablar, eso tampoco tiene arreglo.
  • Pues no, porque la gente no cambia. Y estar con alguien así tiene que ser desesperante.
  • Ya :-(
  • De todas formas yo intentaría hablar antes con él, antes de darlo por caso perdido.
  • Pero hablar con él, ¿¿¿para qué???
  • Pues no sé. Por no quedarse con la cosa de no haber intentado aclararlo al menos, ¿no? No hay cosas que más duelan que las cosas que NO se han hecho.
  • Bueno… Eso el demonio malo reconoce, muy a su pesar, que eso también es verdad.
  • Jajajaja.
  • Aunque también creo que es hacer el tonto, desde aquí te lo digo. Porque sigo pensando que con ese tío no puedes llegar a nada bueno. Se puede pasar la vida mareando la perdiz sin llegar a aclararse ni él mismo. Pero bueno, es cierto que quedarse con las ganas de hacer algo es una mierda.
  • Habla con él. Pero llámalo hoy mismo. No lo dejes enfriar.
  • Prfffff. Sí, voy a hacer eso. Lo voy a llamar en cuanto os cuelgue , que acabo de ver que ya se ha conectado al whatsapp y estar así es un suplicio.
  • ¡Pues venga, llámalo! Que seguro que ahora en frío podéis hablar y lo arregláis, que no tenemos trece años como para no poder hablar las cosas. Que no podéis quedar así después de tanto tiempo solo por una gilipollez.
  • Voy. Luego os cuento.
  • ¡Eso! Cuando cuelgues te vuelves a conectar y nos cuentas lo que te ha dicho. Así hacemos el análisis de la situación, pero esta vez ya con conocimiento de causa.
  • Joder. Me siento como la protagonista de un debate de “Gran Hermano” :-(