¡Me encanta que Enma venga al gimnasio conmigo! Aparte de que hoy me ha venido genial que fuera conmigo porque como llovía ha podido ir tapándome con el paraguas y no me he tenido que mojar por el camino desde el trabajo hasta el gimnasio (y vuelta), ya no odio cada minuto que estoy allí dentro y no estoy deseando terminar para salir corriendo e irme a casa. Y es que, parece mentira lo diferente que puede resultar una actividad de hacerla sola a hacerla con alguien con quien te lo pasas bien… incluso sin hacer nada especial.

Hoy por ejemplo, nos meábamos de risa simplemente porque cuando estábamos en las bicis le he dicho:

  • ¡Anda! ¡Por fin un chico mono que nos alegre un poco la vista!
  • ¿Dónde? Yo no he visto a nadie…
  • Acaba de entrar al vestuario. No lo había visto nunca. Se ve que ha venido hoy a esta hora pero no es la suya habitual… Es del estilo del lobito de crepúsculo. Lo mismo tú no te has fijado porque no es muy de tu estilo… es 100% del mío: moreno, labios carnosos, ojos superachinados (que son mi mayor debilidad)… y yogurín.
  • No lo he visto. Ahora cuando salga, me fijo.
  • La pena es que parece DEMASIADO yogurín como para meterle fichas. Ains. Si tuviera cinco años más… ¡Mmmmm!

Cuando salió del vestuario, Enma estaba justo bebiendo agua y al verlo, casi la escupe. Puso los ojos como castañas, y me dijo:

  • ¿¿¿Ese es el chico que decías???
  • ¡Sí! ¡Ese ese! ¿¿¿A que es monísimo???
  • ¡Pero Sandra! Por el amor de dios. ¡Si tendrá veinte años como mucho!
  • Pues eso. Lo que te he dicho antes, ¿no?
  • Normal que no me fijara en él cuando entró. ¡Es que es un crío!
  • Ya te he dicho que era “demasiado” yogurín como para meterle fichas…
  • Joder… pero pensé que tendría veintiséis años o así…
  • ¡Bueno bien! ¿¿Si tuviera veintiséis años iba a decir yo que le faltan cinco años para algo?? ¡Si son los que tienen Javi o Diego! ¿Estamos tontas? De verdad que a veces parece que no me conozcas nada de nada…
  • Ya bueno… no sé. Es que me ha sorprendido porque ¡yo creo que es muy pequeño! De hecho no tengo claro ni que llegue a los veinte años… fíjate lo que te digo…
  • Ains… ¿¿Pero a que es supermono??

Estuvimos haciendo nuestras rutinas, y ya casi al final le dije:

  • Bueno, voy a hacer abdominales que es lo último que me falta.
  • A mí también es lo que me falta, así que los hago contigo. ¿Dónde nos ponemos?
  • Ahí… En aquellas colchonetas del fondo…
  • Sandra, ¡¡al lado del lobito no!! ¡No pienso dejarte hablar con ese chico si antes no le pides el DNI!
  • Jajaja. ¡Pero qué exagerada eres! Que tampoco va a pasar nada porque me ponga a hacer abdominales a dos metros de él, hija mía.
  • Ya claro… ¡Que te veo las intenciones! Tú lo que quieres es acercarte a él para que en cuanto diga cualquier cosa, como un simple “buenas tardes”… le puedas responder algo como “Mmmm, buenas tardes con buenas vistas, justo lo que le he pedido esta mañana a la vida. Mañana pediré algo un poco más emocionante y más húmedo… a ver si también me lo concede”. Y se lo dirás mientras le guiñas un ojo… o algo parecido. ¿¿O no??
  • Jajaja. Pues al final va a resultar que sí que me conoces, sí.
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