Como todavía no me han llamado de rehabilitación pero ya me he cansado de estar así (y de no tener ni idea cuanto tiempo queda todavía para que me llamen), he decidido empezar a hacerla por mi cuenta.

Esta tarde, cuando he salido de trabajar he estado llamando a varios gimnasios que ofrecen servicios personalizados para preguntar precios, porque lo que tengo claro es que que no puedo ir a un gimnasio y ponerme a hacer máquinas por mi cuenta a lo loco (ni a uno en el que un monitor sin ninguna preparación me ponga una rutina estándar y luego me abandone a mi suerte)… porque podría lesionarme más todavía, y ya es lo que me falta. Necesito que alguien me haga un entrenamiento personalizado en base a mis lesiones… y eso es lo que he estado buscando.

En uno de los gimnasios a los que he llamado, la monitora me ha dicho que no me podía hacer una valoración por teléfono y que tenía que ir hasta allí para que pudiera verme en persona y hacerme un presupuesto dependiendo de como me viera. Me ha parecido razonable, así que me he acercado y me ha estado examinando un buen rato, preguntándome un montón de cosas sobre mi rodilla y lo que me había pasado para estar así.

Me ha dicho que lo que tendría que hacer sería compensar la flacidez de mis tendones ganando más fuerza en el músculo para que así la rótula estuviera más sujeta (vamos… lo mismo que me dijo la traumatóloga simpática que me vio hace un par de meses). Lo que ha cambiado respecto a aquella visita de traumatología es que después de hacerme todas esas preguntas, en vez que intentar explorarme tocándome la rodilla, me ha pedido que realizara varios ejercicios y que utilizara diferentes máquinas para ver el grado de fuerza y de movilidad que tengo, y poder valorar mi estado actual y qué ejercicios puede mandarme hacer y cuales no.

Tengo que decir que este gimnasio no es ni por asomo el que más cerca me pilla de casa ni del trabajo (y tampoco es ni por asomo el más barato de los que he mirado, porque ese servicio personalizado me cuesta nada menos que ciento sesenta euros al mes), pero la monitora me ha parecido una tía muy competente que sabía lo que se hacía y me ha dado confianza… así que no me lo he pensado más y empiezo el lunes.

Me ha dicho que intente ir a mediodía, porque a esa hora hay menos gente y así me puede supervisar mejor (sobretodo al principio) para corregirme bien las posturas y evitar que vuelva a lesionarme.

Nada más salir he llamado a Enma para contárselo y me ha hecho mucha gracia su reacción porque lo primero que me ha dicho es que el sábado por la mañana va a ir a hacerme otra mega compra para que pueda preparar un montón de comida y congelarla, y que así entre semana no tenga que andar perdiendo tiempo comprando, cocinando, fregando, etc. y no ande agobiada.

Y la verdad es que tiene razón, porque si antes ya no tenía tiempo para nada solo con tener que ir a trabajar, si ahora además le tengo que sumar las tres horas al día que voy a perder como mínimo con el gimnasio (entre la hora y media que me ha dicho la monitora que me voy a tirar allí haciendo ejercicio, más ducharme, ir y venir, etc.) no voy a tener tiempo ni para respirar.

En fin… ¡todo sea por recuperarme de una puta vez! Habrá que pensar que es sacrificarme ahora para estar mejor en el futuro… o, como ha dicho Enma cuando le he comentado toda compungida que a partir de ahora vamos a tener que dejar de vernos a diario porque no creo que pueda sacar tiempo para quedar con ella: “Habrá que pensar que es ‘hambre para hoy, y pan para mañana’”.

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