Este viernes día 1 se celebra en Zamora un evento que desde luego no me pienso perder. Se trata de la II Gala de los premios ¿Qué te apetece leer? organizada por Emilia Casas, de quien ya os hablé en el post que escribí hablando de la presentación de mi libro que hice en la Feria del libro de Zamora.

Emilia es una de esas personas de las que tanto hablo últimamente. Tiene tanta energía y tanta ilusión por su trabajo que es imposible que no te la contagie.

 

Yo me topé con ella en un momento en el que el mundo editorial me resultaba completamente frío y mercantil. Un momento en el que la gente solo me decía lo que debería hacer para vender más y que mis libros resultaran más comerciales (que debería darle a mis libros un toque mas erótico, más romántico, que debería centrarme en escribir sobre un solo tema y dejar de lado el resto de las cosas, que debería enfocarme solo en llegar a las mujeres, incluso que debería cambiar todo mi blog al color rosa…)

Yo no quería hacer nada de eso, pero me insistían tanto en que al final si todo el mundo hace lo mismo es porque es lo que funciona y en que hay que darle a la gente lo que pide… que poco a poco me empezaron a ganar terreno.

Y en ese momento, Emilia me abrió de nuevo los ojos y me devolvió esa fe en la escritura. Me demostró que todavía hay gente que escribe para transmitir y no para vender, y me recordó que solo puedes ser realmente feliz y estar satisfecho de tu trabajo cuando haces lo que te gusta.

 

Hablando en un plano incluso más comercial, me dijo una cosa que no se me olvidará nunca y es que el producto que debes intentar perfeccionar y vender nunca es el libro… si no que eres tú. No hace falta que Arturo Pérez Reverte le dé demasiado bombo a su último libro. Lo va a vender de todos modos, porque el producto es el autor, no la obra.

Me encantó.

 

También se sabe que 12 editoriales rechazaron “Harry Potter” porque precisamente no cumplía las pautas que hacen que un libro sea comercial. Pese a ser un libro que estaba abocado estrepitosamente al fracaso, ha sido una de las sagas más rentables de la historia. Y es que está claro que si sigues el camino que ya han andado otros, siempre estarás detrás de ellos, y al mundo le hace un poquito más de falta gente auténtica que haga las cosas de una forma más espontánea y porque realmente sea lo que le nace hacer y no porque sea lo que los demás digan que es lo más seguro.

 

Otra de las cosas que Emilia me dijo que hay dos clases de personas: los escritores y los que escriben. Y me preguntó de qué clase era yo. Le respondí: “Tengo claro que soy de los segundos, de los que escriben. Pero nunca me consideraría una escritora. Nunca he tenido un interés especial por la literatura, no me molesto en escribir de una forma demasiado correcta (me da igual la forma, la calidad semántica o gramática… simplemente me intento comunicar y transmitir), y tampoco he tenido nunca la necesidad de desahogarme escribiendo, como les pasa por ejemplo a los poetas, ni de escribir para entender un poco mejor el mundo. Ni siquiera escribo para que cuando muera, quede algo de mí en este mundo. La verdad es que ni siquiera me ha llamado la atención este mundo”. Y entonces Emilia me preguntó: “Y entonces ¿por qué escribes?”.

Me lo tuve que pensar y llegué a la conclusión de que empecé a escribir porque un día pensé que la gente le da demasiada importancia a todo… vivimos demasiado encajonados, acomplejados, cohibidos, preocupados por el “¿qué dirán?”, intentando agradar al resto… y cada vez nos come más tener que hacer lo políticamente correcto. Me di cuenta de que la gente se solía sorprender a mi alrededor de mi manera de ver la vida tan despreocupadamente y sin complejos, y pensé que quizá si conseguía transmitir eso, podría hacer a alguien un poquito más feliz.

 

Desde que abrí el blog todos los días me llegan mensajes de cariño (bueno… a veces también me llegan de odio, no nos vamos a engañar, jajaja)… pero sobretodo me llegan muchos mensajes de gente que dice “gracias por sacarme una sonrisa”, “siempre me alegras el día con tus historias”, “leer tu libro me ha hecho reír en una época especialmente mala”, o “haces que vea la vida de otra manera”. Y esa sensación de hacerle a alguien la vida un poquito más feliz es lo que me impulsa a seguir escribiendo…  Y eso es lo que quiero seguir haciendo, aunque eso implique que mi libro nunca vaya a vender tanto como “50 sombras de Grey”.

Me dijo “Pues es un muy buen motivo para escribir”, y estuve de acuerdo con ella en que sí que lo es.