¡Diooos! ¡Qué ganas de que se terminen las navidades de una puta vez! Ir por la calle en estas fechas es la pesadilla de cualquier tullido que tenga que andar con muletas: entre la marabunta de gente que hay por todas partes corriendo con prisa de un lado para otro como pollos sin cabeza comprando los regalos navideños, y la cantidad de niños que están de vacaciones y andan sueltos corriendo por la calle a lo loco sin mirar… ¡llego a casa con los nervios destrozados del agobio de ir por la calle esquivando continuamente a personas que se pueden chocar conmigo y tirarme en cualquier momento!

Además, por navidad todo el mundo vuelve a casa, como el turrón, y todo el mundo quiere quedar a tomar un café, unas cañas, ponerse al día, y recordar viejos tiempos. Como ellos están de vacaciones no se dan cuenta de que yo trabajo y no puedo salir tanto como me gustaría, ni quedarme hasta tarde, porque al día siguiente tengo que madrugar para ir a trabajar. Es verdad que trabajar tampoco trabajo mucho porque estos días hay poco curro y no estamos ni la mitad en la oficina… pero el magrugón no me lo quita nadie, y a estas alturas de la vida ya no estoy como para ir tres días seguidos yendo a trabajar con solo cuatro horas de sueño a las espaldas.

De beber tanta cerveza tantos días seguidos, me he dado cuenta de que ahora ya nada más beberme la primera caña se me revuelve el estómago, así que me he cambiado al calimocho. Ha sido una decisión un poco accidental porque el primer día que lo pedí fue por no cambiar demasiado de bebida después de llevar todo el día pidiendo Coca-colas para que se me asentara el estómago (cosa que pasó el día después de haber conocido a la novia de Toni y de que él me tuviera que acabar llevando a casa dando tumbos). Pero he descubierto que me gusta más de lo que recordaba (también puede que sea porque por los bares por los que salimos me lo ponen con vinos buenos y está mucho mejor que con los vinos malos con los que lo bebíamos con quince años, claro). Además engorda mucho menos que la cerveza (por lo menos si lo pides con Coca-cola zero, como hago yo), que también es un dato muy importante a valorar, teniendo en cuenta que creo que ya he cogido cuatro kilos en lo que va de navidades de tanto comer por ahí: en casa de mi madre, de pinchos con mis amigos, mierdas de kiosko en los bares… ¡¡uffff!! Y todavía quedan reyes y el cumpleaños de Enma que es el domingo… ¡Si sigo así voy a terminar rodando!

Ahora que lo pienso, debería ir a comprar los regalos ya, porque me había propuesto que este año no me pillara el toro… pero para variar lo he ido dejando y a estas alturas (a solo tres días de la noche de reyes) solo tengo comprado el regalo de mi madre. Tengo que preguntarle a Adri si ella quiere algo especial para reyes, y si sabe algo que necesiten mi padre y mi hermano, porque a mí no se me ocurre nada.

También tengo que pensar algo para regalarle a Enma entre todas por su cumple… Aunque eso se lo voy a intentar encasquetar a Patri, que tiene más tiempo libre porque ella sí que está de vacaciones.

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