Cada día me lo paso mejor en clase de yoga. En parte porque poco a poco vamos haciendo cosas cada vez más diferentes que no puedes hacer tú sola en casa (como lo de colgarnos de la pared que hicimos la semana pasada), y en parte porque como la profesora ya me va conociendo y empezamos a tener más confianza, y me voy soltando más. Quiero decir que al principio intentaba mantener la compostura en clase sin reirme ni soltar payasadas durante una hora y media (cosa que me cuesta horrores), pero ahora, como veo que la clase lo permite, ya voy aguantándome menos.

La semana pasada, por ejemplo, me pasé media clase riéndome, porque después de un mes oyendo a la profesora repitiendo continuamente que abramos los dedos de los pies, conseguí pasar de que mis pies con juanetes (que tienen los dedos gordos separados entre sí dos centímetros), se abrieran tanto que los pulgares llegaran a tocarse. Y me hacia tanta gracia, que no podía contener una risita cada vez que notaba esa sensación.

Antes de que la profesora se mosqueara, en mitad de dos posturas, le expliqué por qué me daban esos mini-ataques de risa cada poco y, al contárselo, me felicitó por mis progresos y me ha animó a seguir… sin siquiera echarme la bronca por ser tan gilipollas de estar riéndome cada poco y de cortarle la clase para contarle esa chorrada. ¡¡Pero es que la tía es muy comprensiva y muy amable!!

Esto puede parecer casi obligatorio siendo profesora de yoga… pero no lo es, porque yo tuve otra que parecía un sargento peor que la teniente O’Neil y que no te dejaba ni respirar porque le parecía una falta de respeto hacia la práctica y se enfadaba muchísimo (cosa que francamente no veía yo un comportamiento nada zen ni nada acorde con la paz y el fluir de la filosofía yogui… pero bueno).

 

El caso es que esta tía es mucho más comprensiva, más risueña, más paciente… y sobretodo sobretodo a mí me flipa lo pendiente que está de todo el mundo. A mí por ejemplo me corrige las piernas y cuando me lo dice ella las pongo bien, al rato me corrige los hombros y los pongo bien… pero claro, al estar intentando poner bien los hombros ya no soy capaz de fijarme en las piernas y las vuelvo a poner mal… y me lo vuelve a decir. Y así veinte veces en cada clase ¡¡y con cada una de nosotras!! Es impresionante la paciencia que tiene.

Hoy ha habido un momento en el que estábamos haciendo posturas de pie y ella estaba de cara a la pared y de espalda a nosotras. Cabe decir que en nuestra aula no hay ni un solo espejo, por lo que cuando se pone de espaldas no puede vernos. El caso es que según empezó a hacer la postura, empezó a darnos las instrucciones:

  • Nos ponemos rectas, abrimos los dedos de los pies, inspiramos y levantamos los brazos… luego ponemos los brazos en cruz y abrimos las piernas… estirando bien la pierna de atrás vamos doblando la de delante poco a poco hasta que lleguemos a los 90%… Pilar, baja un poco los brazos. Sandra, no sobrepases los 90% grados con la rodilla y ¡relaja la cara! No hagas gestos raros.

Todo dicho en el mismo tono, de carrerilla… y sin siquiera mirar para atrás.

Yo no pude evitar soltar una carcajada y entonces se giró sonriendo y me dijo:

  • ¿A que he acertado? 😉
  • Sí jajajajajaja. Voy a empezar a pensar que es verdad que existe el tercer ojo y que es el del culo, porque si no no me explico como puedes saber lo que estamos haciendo con tanta claridad.
  • Jajajaja.

 

La verdad es que da gusto cuando pegas con profesores a los que se nota que les gusta su trabajo y que le ponen tanta dedicación. Algunos nos enseñan cosas que nos pueden cambiar la vida. Y evidentemente hablo de profesores de todo tipo, no solo los que tenemos de pequeños en el colegio.

Yo creo que, cuando das con un profesor de esos que valen su peso en oro es muy importante decírselo y saber agradecérselo para que no pierdan la ilusión y la motivación por seguir enseñando con ese entusiasmo… porque muchas veces les tiene que parecer que su esfuerzo es en vano y tiene que resultar muy frustrante…. y precisamente por eso me parece fundamental que cuando nos aportan algo bueno les digamos lo importante que es para nosotros todo lo que nos aportan.

 

Hace poco, una chica que me pidió que le hiciera un dibujo doble para imprimirlo en una taza (por los dos lados) para regalársela al profesor de kárate de su hijo, en agradecimiento por todos los valores que les enseña y me pareció un detalle muy bonito:

 

De hecho, me gustó tanto la idea, que creo que a mi profe de yoga le voy a hacer una taza en agradecimiento por su paciencia cuando termine el curso.

Ahora solo tengo que pensar en qué dibujarle… y que no sea un dibujo de mi misma abriendo mucho los dedos de los pies y riéndome como una gilipollas, o de ella de espaldas con un ojo en el culo. 😂😂😂

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