La última de mi padre.
 
Me llama mi madre hace un rato y me dice:
  • Jajajaja. Tu padre cada día está peor. Esta mañana hemos salido juntos de casa porque me ha dicho que lo acompañara a comprar una cazadora. Y cuando íbamos por la calle, de repente me dice: “Espera, vamos a entrar aquí un momento que tengo que hacer una cosa”. Entro con él y le dice al dependiente “Buenos días, quería cargar el teléfono móvil con 10€”. El dependiente lo miró alucinado y le dijo “Señor, aquí no cargamos móviles. Esto es una carnicería”.
  • O_o JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA. ¿En serio?
  • Sí, hija sí.
  • ¿Y tú no le dijiste nada cuando quería entrar?
  • ¡Es que yo no sabía a lo que iba! Pensaba que quería comprar carne. Me parecía un poco raro que quisiera entrar tan pronto para luego andar cargando con la carne toda la mañana, pero yo que sé. Pero como iba a pensar que quería entrar a otra cosa… ¡¡si es que era una carnicería-carnicería!! Con los trozos de carne colgando de la pared abiertos en canal, y todo.
  • Jajajajajajaja.
  • Pero lo peor es que se pone a discutir con el chico: “Pues yo he cargado aquí el móvil otras veces”. ¿No hay nadie más? Pregúntale a tu jefe a ver si a él le suena…”
    despistes
  • O_o JAJAJAJAJAJAJA.
  • Y el chico diciéndole que no, que era imposible. Y tu padre que sí, que estaba seguro que él lo había cargado allí otras veces… Que a lo mejor es que la carnicería la habían abierto después.
  • ¡Jajajajajajaa! Por favor, mama que me meo!
  • Y tu padre erre que erre. Y el chico diciéndole “Pero si esta carnicería lleva aquí desde hace tres generaciones”, y me miraba a mi como diciendo “Este hombre, está demenciado o algo, ¿no?” Mira, de verdad que no sé si he pasado más vergüenza o más risa…
  • Jajajajajaja. ¿Y al final qué pasó?
  • Que donde lo había cargado otras veces era en la tienda de regalos que estaba justo al lado. Pero no te creas que se quedó convencido del todo, ¿eh? Que al salir todavía seguía diciendo que él estaba seguro que alguna vez lo había cargado allí.

Ay, por favor que risa. Desde que me lo ha contado no puedo parar de reirme. ¡¡Es que cada vez que me imagino la cara del dependiente, no puedo evitar una carcajada!!

Luego os reís de mí porque soy despistada… pero es que ¿cómo queréis que sea, teniendo esta genética que me ha tocado?