Hoy había tercer tiempo de rugby. Francamente, no me apetecía ir una mierda, porque para estar allí tomando algo con Oliver y el idiota de Paco-Will mientras Pili estuviera tonteando con el viejoven, hubiera preferido quedarme en casa. Pero Enma ha insistido mucho en que fuera, porque no le daba la gana de darle a Paco-Will el gusto de pensar que ella había dejado de ir por su culpa.

Me ha dicho que ella llegaría enseguida y así, de paso, le podía contar en persona lo de Diego de la noche anterior (porque evidentemente al llegar a casa ya le había hecho un resumen por Whatsapp con su pertinente captura de pantalla).

Cuando llegué al tercer tiempo ya estaban allí Oliver y Paco-Will, así que me senté con ellos, aunque me pasé prácticamente todo el rato hablando por el móvil contándoles a mi hermana y a Patri el panorama de la noche anterior.

  • Pero Sandrita… ¿qué te pasa? Que llevas toda la tarde con el móvil de la mano y se te ve muy apagada…
  • Nada… Bobadas mías, Oliver…
  • No será mal de amores, ¿no? Porque…

Mientras teníamos esa conversación, entró el viejoven.

  • Que tarde viene este hoy, ¿no? —le dije a Oliver—.
  • No, si ya ha estado aquí antes… Hace un rato se estaba liando con una morena y se han ido juntos.
  • Al momento vi que se acercaba a la barra a hablar con Pili, que estaba pidiendo y no pude evitar mirarlos mal.
  • Él se dio cuenta, porque me debió pillar mirándolos y al momento se acercó con otro de los jugadores hasta la mesa en la que estaba yo.
  • Hola —dijo con un acento pésimo—. Sé que tú no gustar que yo estar con tu amigos Pilar —dijo, sin dar pie con bola—.

¡Qué cascados están todos y qué viejos parecen, la virgen!

Al poco rato, por fin llegó Enma, así que di por zanjada la conversación con el otro turras (que hacía ya un rato que me estaba resultando bastante aburrida), y nos fuimos a sentar a la otra punta de donde estaban Oliver y Paco-Will… Porque una cosa es que no quisiera dejar de ir para no verlo… y otra que se fuera a sentar con él y echar la tarde como si nada.

No habíamos empezado a beber ni la primera cerveza, cuando me llegó un whatsapp de Diego.

  • ¿Qué te dice? —preguntó Enma—.

  • Hostias, tía… Te habrás quedado a gusto… Y ¿qué te ha contestado a eso?
  • Nada. Me ha dejado de escribir.
  • Jooooder… no me extraña… es que le estás dando una cera…
  • ¡Es que si no se lo digo, reviento!
  • Pero esas cosas se las deberían decir sus amigos… no la tía que le gusta. Eso le ha tenido que doler en su orgullo masculino…
  • Pues que le duela donde quiera… lo mismo así espabila. Creo que le pasa como a Pili, que es una de esas personas que cuanto peor lo trates, mejor te trata él a ti..
  • Por cierto, hablando de Pili… 

 

En esto que se acercó Oliver para preguntarnos si queríamos beber algo, y en una intentona de encontrar alguna aplicación positiva de mi teoría, le tiré un gusanito, y le dije:

  • Oliver ¡Sit! ¡Sit, he dicho! ¡Plas! ¡Plas!

  • ¿Eins?
  • ¡Vaya por dios! Me tuvo que tocar el defectuoso…
  • Pero ¿qué dice esta loca?
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