Diego debía estar cerca, porque no tardó en llegar ni media hora.

  • (Diego) ¡Hola, chicas! En menudos bares os metéis, majas. Casi me daba vergüenza entrar por si me ve alguien conocido y se piensa lo que no es… jajajaja.
  • (Enma) Pero ¿a que mola?
  • (Diego) Sí, sí. Molar, mola.
  • ¡Hola, Diego!
  • (Diego) Hola mala-leche… ¿Ya tenemos mejor humor que el otro día?
  • Jajaja. Sí… pero no me lo recuerdes, que me vuelvo a calentar, ¿eh?
  • (Pili) ¡Holaaaa Diegooo!
  • (Diego) Hola, Pili. ¡Anda! Pero si tú llevas una trampa y todo, jajaja. ¿Se puede saber de dónde sacáis tanta imaginación?
  • (Pili) La ha hecho Sandra…
  • (Enma) ¿Y has visto los fantasmas que lleva atrapados en la mochila?
  • (Diego) No… ¡Si es que no me habéis dado tiempo ni a quitarme el abrigo! A ver, date la vuelta…
    Joder, de repente me siento como una azafata de un programa de televisión barato, enseñando los productos de un sorteo o algo así… ¿No me irás a mirar también el culo cuando me de la vuelta, verdad?
  • (Diego) ¡Por supuesto que sí!
  • Jajaja.

Me alegró ver que después de todas las movidas, en persona no hubiera ningún mal rollo con Diego. La verdad es que la situación era un poco rara, pero al final es más cómodo para todos seguir como si nada.

En esas estábamos, cuando de repente se nos acercó un tío muuuy cachas, muuuy repeinado y que llevaba una camiseta muuuy ajustada, con más escote del que me he puesto yo en la vida (siendo justos también tengo que decir que tenía bastantes más tetas de las que pueda haber lucido yo, incluso poniéndome sujetador con relleno ). Cuando llegó a nuestra altura, Diego estaba mirando las mochilas de Enma y Pili… así que yo estaba un pelín separada de ellos. Un gran error, porque al estar descolgada del resto, el individuo en cuestión vino directo hacia mí:

  • ¡Cómo mola vuestro disfraz! Os lo habéis currado, ¿eh?

Mientras dijo eso, me agarró del hombro. Diego nos vio prácticamente enseguida… y se quedó mirándonos de reojo con cara de mosqueo. Yo le quité la mano de encima al cachas, pero aun así Diego no apartó la vista. Y yo ya estaba viendo que el asunto iba a terminar mal…

  • Sí, es que nos gustan mucho los carnavales…
  • A mí también me encantan los carnavales —Siguió diciendo el musculitos, intentando agarrarme ahora de la cintura—.
  • Pues nadie lo diría. Como no vas disfrazado…
  • Es que voy de Superman de paisano. ¿Qué te parece mi disfraz? —Y se puso a hacer posturitas para marcar músculos con los brazos—.
  • Pues me parece que no debes saber muy bien quién es Superman. Porque para ir de paisano, como mínimo te faltan las gafas —Le dije con el tono más indiferente que fui capaz de poner—.
  • Pero es que entonces no se me verían los ojos azules que tengo —Dijo mientras me guiñaba un ojo—.

A mí la conversación me estaba dando cada vez más pereza, porque pocas cosas hay que me aburran más que un cachas jactándose de lo bueno que está. Encima estaba viendo que Diego cada vez nos miraba más descaradamente y cuanto más rato pasaba más se le iba torciendo el gesto.

Alguna vez ya nos ha dicho que alucina con la facilidad que tenemos para que todo el mundo hable con nosotras… y está claro que no es una cualidad que le genere mucha ilusión.

  • ¿Y cómo se os ocurrió la idea de ir de cazafantasmas? —Siguió preguntándome el musculitos—.
  • Pues porque hemos visto que cada vez abundan más los fantasmas… y estaría bien intentar exterminarlos.
  • Y eso que llevas colgando, ¿qué es? —Dijo sin darse por aludido—.
  • Una trampa para atrapar fantasmas… así que no te acerques mucho por si acaso… que tienes pinta de ser un candidato a ser encerrado…
  • Hummm, ¿y me vas a atrapar tú? —Dijo acercándose otra vez más de la cuenta… Y vi que otra vez Diego estaba mirando con cara de pocos amigos—. Lo mismo luego no quieres soltarme para que no me vaya…
  • Seguro… Prfffff…
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