Esta tarde habíamos quedado en casa de Enma después de merendar para terminar de prepararnos y salir de fiesta desde allí. Yo también tenía que hacer los fantasmas que iban atrapados dentro de mi mochila, pero como solo era inflar un par de globos y pintarles una carita con rotulador permanente… en cinco minutos ya había terminado.
Nos vestimos, nos pusimos las mochilas, nos echamos por encima los mocos verdes, y nos hicimos una foto para mandársela a Patri.

Nos dijo que a ver si volvíamos a casa habiéndonos comido algo más que los mocos… y todas estuvimos de acuerdo en que era una pena que no estuviera aquí porque seguro que se le hubieran ocurrido mil frases con las que entrarles a los yogurines relativas a los disfraces, y nos lo hubiéramos pasado genial.

Una vez en la calle, estábamos pensando a qué bar podíamos ir en el que hicieran alguna fiesta de disfraces, cuando se nos acercó un tío vestido de travesti, repartiendo flyers:

  • Hola, chicas. Veo que os gustan los carnavales. En este bar hay fiesta de carnaval… Está decorado como si fuera un puticlub y solo por ir disfrazadas tenéis una consumición gratis.
  • ¿Y dónde dices que está?
  • En aquella esquina. Es el único en el que el portero lleva zapatos de tacón, los labios rojos y una boa de plumas… No tiene pérdida.
  • Jajajaja. ¡Vale!

El bar nos encantó porque estaba realmente bien ambientado. Tenía luces rojas, todos los camareros iban vestidos de putas… y hasta estaba decorado con barras americanas y muñecas hinchables colgadas de ellas como si fueran las bailarinas.

  • ¡Cómo mola este sitio! Creo que nunca había estado antes aquí.
  • (Pili) Yo sí. Normalmente es un bar normal de tomar cañas de tranqui…
  • (Enma) Yo creo que tampoco había entrado nunca. Pero habrá que apuntárselo para volver.
  • ¡Anda! Me acaba de llegar un Whatsapp. Es Diego. Me dice que si estamos cerca se pasa a saludarnos…
  • (Enma) ¿Él solo?
  • Eso parece.
  • (Enma) Jajajaja. Mira qué listo. Así se ahorra juntarte con Javi… jajaja. Parece que va aprendiendo.
  • (Pili) ¿Y por qué te escribe a ti en vez de a mí? —Preguntó Pili, mirando su móvil para comprobar que antes no le hubiera escrito a ella. Siempre le sienta muy mal que la gente que conocemos a través de ella nos llame a nosotras directamente “puenteándola”, y cada vez que pasa eso, no sé porqué, se termina enfadando con nosotras—.
  • Supongo que será por la movida del otro día, no sé. ¿Le digo que venga? ¿O queréis ir a otro sitio?
  • (Enma) No, no. Dile que venga aquí, que mola mucho el sitio. Yo me quiero quedar un rato…
  • OK.

 

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