Por si la situación de estar allí conversando amigablemente con Javi mientras Diego estaba sentado en frente hablando con Pili, no me pareciera ya lo suficientemente extraña… de repente Javi se levantó, se sentó en el banco por detrás de mí dejándome colocada en medio de sus piernas, me rodeó la cintura con sus brazos, me dio un beso en el cuello y siguió diciéndome palabras de ánimo apoyado en mi hombro.

Ahora las que nos miraban descaradamente sin poder disimular su estupor eran Pili y Enma, mientras Diego seguía dándole explicaciones al aire sin querer mirar hacia nosotros… y sin que ya nadie lo estuviera escuchando.

A Enma le dio la risa y yo, que no sabía muy bien qué decir, ni qué hacer, ni a quién mirar (porque el único que me estaba hablando directamente era Javi y no podía mirarlo porque lo tenía de espaldas)… Así que como no sabía que hacer, empecé a pegar tragos de cerveza como si no hubiera mañana.

En cuanto Simón, que se había quedado en la barra, nos vio, no tardó ni dos segundos en acercarse y decir:

  • (Simón) ¡¡Pero que ven mis ojos!! ¿Javi y Sandra agarraditos? ¿Qué va a…

Enma y Pili soltaron una carcajada porque había definido perfectamente la situación, y noté que Javi también había sonreído apoyado en mi hombro. La verdad es que el culebrón que tenemos montado es un jaleo, y al imaginarme como se vería la escena desde unos ojos ajenos a los nuestros a mí también me dio un poco la risa.

  • A ver Simón —empecé a decir—. Es que tú no sabes…

 

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