• (Diego) Bueno, ¿y qué os contáis de nuevo? —Preguntó sentándose en la silla que estaba libre al lado de Pili y en frente de mí—.
  • (Pili) Cuéntanos tú… ¿qué tal el nuevo trabajo?
  • (Diego) Bufff, pues un agobio… Echando mogollón de horas y cobrando una mierda… Encima tengo que viajar un montón y…

Mientras Diego le explicaba a Pili las vicisitudes de su nuevo trabajo, Javi volvió con una cerveza en la mano, cogió una silla que estaba libre en la mesa de al lado, y se sentó a mi lado… entre Diego y yo.

Enma me miró arqueando las cejas, por lo insólito de la situación, y Diego, que estaba girado hacia Pili, empezó a controlarnos por el rabillo del ojo cada dos segundos, aunque intentaba seguir la conversación con Pili como si nada. Javi me volvió a preguntar por la rodilla, en el mismo tono jocoso que cuando habían entrado antes:

  • Bueno, entonces, ¿Cuándo te piensan curar esa rodilla? ¿O ya no se molestan en arreglártela porque eres demasiado vieja y para los años que te quedan prefieren que vayas con un taca-taca?
  • Jooooo, hoy no te metas mucho conmigo Javi, porfa… —Le dije con cara de pena no fingida, al pensar que realmente no tengo ni idea de si efectivamente voy a tener que acabar andando el resto de mi vida con un taca-taca—.
  • ¿Por qué? ¿Qué te pasa? —Preguntó un poco sorprendido… porque aunque siempre me está llamando vieja, yo nunca he protestado por ello. Al contrario, normalmente siempre le sigo la corriente—.
  • Nada… No sé… Que estoy un poco sensible…
  • ¿Y eso? ¿Qué te pasa? ¿¿¿Tienes la regla??? Porque si es eso… ya sabes que a mí me da lo mismo… —Dijo, dándome un codazo cariñoso. Me di cuenta de que a Diego se le trabó un poco la frase que estaba diciendo cuando escuchó a Javi decir eso—.
  • Jajajaja. Noooo. No tiene nada que ver con la regla, jajaja. Solo es que estoy un poco deprimida por lo de la rodilla. Me desespera que cada vez que cambie el tiempo vuelva a estar más coja. Todos los días hago tres horas de gimnasio… y ¿para qué? ¿Para seguir teniendo que andar con muletas? ¡Esto una mierda! Por mucho que me esfuerce ¡estoy hecha un asco!
  • ¡Anda tonta! ¡Qué vas a estar hecha un asco! —Dijo mirándome de arriba a abajo—. ¡Si estás buenísima! Y ya verás… Este verano con tanto gimnasio te vas a poner… ¡Prfffff! Me pongo malo de pensarlo…
  • Jajajajaja. ¡Qué payaso eres! —Le respondí, pese a saber que lo de que se ponía malo solo de pensarlo lo había dicho totalmente en serio—. Decía que estoy hecha un asco de la rodilla…
  • Bueno, pero no pasa nada. Todos tenemos alguna tara. A mí por ejemplo me duele la espalda cada dos por tres y a veces me dan unos lumbagos que no me puedo casi ni mover… Y a Simón le dan unas migrañas tan fuertes que se tiene que pasar un par de días a oscuras sin salir de la cama… Tú no te desanimes, que las lesiones de rodilla son jodidas, pero piensa que poco a poco vas mejorando. En nada llega el buen tiempo, y ya verás como en cuanto salga el sol vas a poder estar todo el día por ahí pegando botes y luciendo minifalda con las superpiernas que se te van a poner de hacer tanto ejercicio.

Creo que nunca jamás había hablado tanto con Javi. Seguramente ni siquiera juntando todas las conversaciones que hemos tenido a lo largo de estos años, conseguiría sacar una parrafada tan larga como la que me acababa de soltar en ese momento.

Pensé que seguramente las chicas tuvieran razón… porque aunque es verdad que sí que es un chico muy cariñoso, normalmente no lo demuestra hasta que nos quedamos a solas. Y siendo justos, también hay que reconocer que es más de demostrar las cosas con acciones que con palabras.

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