En mi familia siempre celebramos mucho el día de reyes. Es la única tradición familiar que tenemos. Puede que no nos regalemos nada por nuestros cumpleaños, pero el día de reyes es obligatorio hacerle como mínimo un regalo a cada miembro de la familia… y de hecho algunos los preparamos incluso desde meses antes.

Como somos cinco y al final, cada uno tenemos como mínimo 6 regalos… es súper guay entrar en el salón y verlo lleno de cajas de regalo.

 

Nuestra rutina va de la siguiente manera: Quedamos a las 10:00 en casa de mis padres. A las 09:30 mi padre ya nos ha llamado a todos por teléfono para preguntarnos si nos hemos quedado dormidos y para decirnos que seamos puntuales porque en el salón ya hay regalos y no se aguanta las ganas de abrirlos (jajajaja, ¡es que es como un niño pequeño). Cuando llegamos a las 10:00 mi padre no está, porque ha ido a dar una vuelta para evitar la tentación de abrir los regalos. Tenemos que estar esperando por él, que llega a las 10:15, y nos dice que ha tardado porque ha ido a comprar un roscón de reyes para el desayuno. Abrimos todos los regalos por turnos. Cuando terminamos, mi madre va a hacer el desayuno, que es chocolate con picatostes. Mi padre dice que para qué queremos picatostes si ya ha comprado él un roscón de reyes relleno de nata, que es el que nos gusta a todos. Le decimos que el roscón no nos gusta A NADIE, que todos los años hace lo mismo. Mi padre protesta porque dice que para eso tenía que haber comprado el que no tiene nata, que es el que le gusta a él. Terminamos el chocolate y el roscón sigue casi entero, así que mi padre se encabrona y dice: “¡Encima que lo he comprado por vosotros! ¡El año que viene no cojo ninguno!”. Y entonces, aunque a ninguno le apetece, todos cogen un trozo para que se calle… menos yo. Mi padre me pregunta:

  • ¿Y tú no quieres un trocito, hija?
  • No puedo comer de eso, papá. Tiene trigo y huevo, y leche de vaca… Y yo no puedo comer nada de eso.
  • Pues el año que viene lo compro sin nata.
  • Da igual. Aunque lo compres sin nata sigue teniendo de todo eso y no lo puedo comer de ninguna manera.
  • Pues entonces coge unas magdalenas, que hay en el cajón.
  • Tampoco puedo papá. Están hechas de lo mismo.
  • ¡¡Pues saca las galletas!!

Y así un año tras otro, jajajaja.

 

El caso es que, este año, a la hora de repartirse en las vacaciones navideñas, mi hermana le ha dicho a su chico que a ella no le importaba ir en nochevieja con él a Asturias… si él venía a pasar los reyes a Valladolid, porque a ella le hace más ilusión pasar aquí la noche de reyes que la nochevieja, porque en mi familia la celebramos mucho más… y nos lo pasamos mucho mejor.

Se supone que iban a venir hoy, pero a mediodía me ha llamado Adri para decirme que al final vienen mañana:

  • Es que hemos quedado hoy para comer con los amigos de este… y como terminaremos tarde, se nos va a hacer muy tarde para salir para allá. Y total, para llegar de noche, mejor vamos mañana.
  • Pues sí, porque total… hoy no íbamos a hacer nada interesante.
  • Oye, ¿y tú que andas haciendo ahora? ¿Las rutinas del BBG?
  • Prfffff, calla calla… que estoy muriendo entre terribles sufrimientos. Hoy me he levantado de la cama y parecía Neil Amstrong cuando pisó la luna, de la velocidad a la que me movía. Pero igual, ¿eh? Lamentable todo…
  • Jajajaja.
  • Me acabo de poner las mallas justo ahora y me he estaba haciendo una foto para subirla a Instagram en plan de motivación con un texto en plan “¡¡Allá vamos!!”… pero es que pienso en lo que se me viene encima… y me sale una cara de asco que me ha hecho preguntarme ¿¿¿es que el resto de las bloggers que suben fotos súper felices a instagram, no tienen nunca agujetas… o les pereza???

  • Jajaja. Seguro que sí. Pero bueno… piensa que las agujetas solo duran la primera semana, y que es por una buena causa… Que luego se te pone un cuerpo de escándalo.
  • Ains. Ya… Lo que pasa es que esta primera semana es súper dura. Pero bueno… haré la rutina aunque sea poco a poco y aunque tarde dos horas en terminarla. Total… no tengo nada mejor que hacer.
  • ¿Y eso?
  • Porque tengo que quedarme encerrada en casa esperando que llegue el cartero con tu regalo de reyes…
  • Pero… ¿todavía no lo tienes? Jajajaja. Desde luego… volverte más organizada y no dejarlo todo para el último día no es uno de tus propósitos de año nuevo, ¿no?
  • Ehhhhhh, que desde que me leí el método Konmari soy muchísimo más organizada para todo, pshhhhh. No he vuelto a tener la habitación desordenada desde que la terminé de colocar.

  • ¡Ah! Pues qué bien.
  • Sí. Y, de hecho, este año he sido súper previsora y tengo ya todos los regalos comprados, preparados y envueltitos. Solo me falta el tuyo. Va a ser el primer año que no tenga que salir de casa el mismo día de reyes a comprar algo de última hora.

  • Jajaja. ¡Además de verdad! Porque yo recuerdo de tardes contigo corriendo por la calle y esquivando las calles por las que pasaba la cabalgata, para poder llegar a tiempo a las tiendas a comprar las cosas.
  • Sí sí.  Uffff, ¡qué agobio! Esta vez lo he hecho mejor… aunque tampoco te creas que me he anticipado tanto, porque la mayoría los compré la semana pasada por internet… y es verdad que es más cómodo el momento de la compra… pero ya estoy hasta el coño de estar en casa todo el día esperando por las empresas de mensajería.. Al final no sé que es peor. Phhhh. Pero bueno, así también aprovecho para ir escribiendo cosas en el blog y ponerlo al día.
  • Síííí. Ya ví que lo habías publicado ¡y me alegro mucho de la acogida que ha tenido! La gente parece que está contenta con la idea.
  • Síííííí. Y yo también. Mira, de hecho estoy aprovechando para mirar una nueva plantilla para el blog. Porque con el batiburrillo de cosas que hay ahora mismo en el blog de bricolaje, sexo, cocina… no sé ni como empezar a organizarlo todo, prfffff.
  • Es una pena que tu libro del método Konmari te diga como tienes que ordenar los armarios, las habitaciones, etc. pero que no te diga como tienes que ordenar un blog multitemático.
  • Jajajajaja. Además de verdad.